En
mi familia, la cabezonería es algo característico de cada uno de
nosotros: tanto a nivel físico como a nivel mental, pero sin duda alguna
ganaba mi padre!
Una de sus virtudes era la persuasión, aunque siempre me quedó la duda de si era por sus dotes convincentes o por su cabezonería de conseguir algo: la verdad es que debía ser una mezcla de todo pero no me extrañaría que mucha gente accediera a lo que mi padre le proponía con tan de que se callase y parara ya de insistir!
El hecho de que tu propio abuelo que te quería con locura no fuera ajeno al hecho de que eras excesivamente cabezón y decidiera componerte una canción al respecto (este era un aspecto malo/vergonzoso para él, pero gracioso para los demás! Aunque nunca nos dijo qué decía exactamente la canción...)
O llegar al colmo de la terquedad y que se te vea el plumero!
* Dicen que el primer paso es reconocerlo!
Estábamos hablando de un hecho en concreto durante la comida (yo conocía lo cabezón que era mi padre, por lo tanto, si decidía llevarle la contraria lo hacía a sabiendas de las consecuencias, por lo que la mayoría* de veces, optaba por darle la razón y evitar discusiones.
El caso es que ese día estaba tan segura de que tenía la razón, que no pude evitar oponerme a sus argumentos. Lo que sucedió a continuación fue que la cabezonería de él potenció la mía y me fui a la enciclopedia (si, de esto hace ya mucho tiempo) y efectivamente, en ella hallé la respuesta que defendía. Corrí con el tomo en la mano e hice que mi padre leyera por si mismo lo que yo llevaba rato explicando... Para sorpresa mía su reacción fue la siguiente:
Hijitamía.
