Con la imaginación que tenía mi padre, uno puede pensar que fue un cuenta cuentos de niños alucinante, sin embargo, yo sólo recuerdo un intento de cuento fallido.
Una vez le dije a mi padre que me preocupaba la clase de natación del día siguiente y mi padre se ofreció a contarme un cuento, yo debía tener unos 6 años y estaba emocionadísima.
Empezó genial, porque parecía una historia real, la protagonista era una niña (como yo ) que hacía actividades parecidas a las mías (como natación). No me importó esa falta de originalidad, incluso me gustó sentirme identificada.
Sin embargo, la trama dio un giro inesperado cuando, en un intento de animarme, la protagonista también se siente insegura antes de saltar a la piscina.
En ese momento, pensé que lo que seguiría sería una lección, un consejo de cómo actuar, un truco...
En vez de eso resulta que todo se desarrolla muy rápido y mi padre acaba el cuento en dos frases:
"Por arte de magia la tabla se convierte en Pinocho que le habla y la niña se pone muy contenta...
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado!"
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado!"
"Perdona ¿has dicho Pinocho?"
Eso fue lo primero que pensé, pero como tenía 6 años y no había aprendido a expresar la frustración con ironías, me enfadé y le reproché a mi padre lo inverosímil que era la historia, él me habló de magia y hadas y tal y yo me indigné todavía más reivindicando una solución real...
Mi padre me dijo que no había problema y concluyó rápidamente:
"Y como era una niña real a estas horas ya estaba en la cama preparándose para dormir, fin"
Y esta fue la única vez que recuerdo a mi padre contándome un cuento de niña (de adulta las historias fueron en sesión continua!)
Hijitamía.
