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sábado, 29 de octubre de 2016

Sobre qué jugar o dibujar

A simple vista jugar, dibujar y hacer cosas de niños debería ser facilísimo, sin embargo, en mi padre se notaba mucho el salto generacional y le costaba mucho adaptarse y sacar temas apropiados e interesantes para su hijita. Cuando se le ocurrían, no eran muy originales...pero, por suerte, siempre pudimos encontrar algo afin, aunque supongo que él debió agradecer que yo creciera "rápido " y pronto me pudiera hablar de temas de "mayores".


También tuvo otro punto a su favor, que fue el nacimiento de mi hermano, el Titmío, con él sí compartió muchas más actividades y fue una gozada ver su complicidad.


Volviendo al tema, me vienen a la mente los "recuerdos de pizza Industria"


Cuando yo debía tener unos 6 o 7 años, mis padres descubrieron una pizzería deliciosa, la masa era delgadita y crujiente, los nachos eran únicos y el personal encantador. Pero, para una niña de 6 o 7 años eso era lo de menos, lo realmente importante era que los manteles individuales eran pasatiempos, repito: ¡PASATIEMPOS!

A lo mejor ahora ya no tiene gracia, pero para mí era una novedad impresionante y cada fin de semana le pedía a mis padres volver, el rato que pasábamos era genial.

Por supuesto a esa edad no entendía nada de lo que pedían los enunciados de los pasatiempos, pero eso no era ningún problema, me dedicaba a rellenar casillas con dibujitos, a escribir la frase encriptada con lo que a mi me parecía  (mi nombre el 99% de las veces) y cuando ya acababa de decorar los pasatiempos le daba la vuelta a la hoja y las posibilidades eran infinitas.


Primero le pedía a mi madre que me dibujara su muñequilla estrella: una muñeca con cuerpo de corazón y ojos gigantes que me encantaba, y cuando ya me cansaba de repetir el mismo dibujo sin conseguir que me saliera tan bonito como el de mi madre, le tocaba el turno a mi padre.



Mi padre no tenía ni idea de dibujar las cosas que yo le pedía,  pero ni corto ni perezoso me persuadió para que me intrigara lo que él me iba a enseñar a dibujar, y así es como me "gradué con honores" en:


1. "Con un 6 y un 4 esta es la cara de tu retrato"
2. Árboles hechos con una línea vertical y otra en zigzag.
3. Escopetas, pistolas y cañones
4. Bicicletas (con sus platos y piñones)


Yo al principio le pedía perritos, muñecas y casitas, pero él me decía que no sabía (y es verdad, una vez me dibujó un perrito y el pobre perrito me dio tanta pena que nunca más le pedí que me lo dibujara).

En realidad yo lo que quería era dibujar con mi papá  (y con mi mamá ) así que acepté las pistolas y cañones con mucho gusto!


Me pregunto qué pensarían los camareros al recoger los manteles con tales obras de arte!


Por suerte, pronto crecí y pasamos a hacer ¡campeonatos de pasatiempos!

Hijitamía .

jueves, 29 de septiembre de 2016

Sobre la historia para dormir

Con la imaginación que tenía mi padre, uno puede pensar que fue un cuenta cuentos de niños alucinante, sin embargo, yo sólo recuerdo un intento de cuento fallido.

Una vez le dije a mi padre que me preocupaba la clase de natación del día siguiente y mi padre se ofreció a contarme un cuento, yo debía tener unos 6 años y estaba emocionadísima.

Empezó genial, porque parecía una historia real, la protagonista era una niña (como yo ) que hacía actividades parecidas a las mías  (como natación). No me importó esa falta de originalidad, incluso me gustó sentirme identificada. 

Sin embargo, la trama dio un giro inesperado cuando, en un intento de animarme, la protagonista también se siente insegura antes de saltar a la piscina.

En ese momento, pensé que lo que seguiría sería una lección, un consejo de cómo actuar, un truco...

En vez de eso resulta que todo se desarrolla muy rápido y mi padre acaba el cuento en dos frases:

 "Por arte de magia la tabla se convierte en Pinocho que le habla y la niña se pone muy contenta...
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado!"

"Perdona ¿has dicho Pinocho?"

Eso fue lo primero que pensé, pero como tenía 6 años y no había aprendido a expresar la frustración con ironías, me enfadé y le reproché a mi padre lo inverosímil que era la historia, él me habló de magia y hadas y tal y yo me indigné todavía más reivindicando una solución real...

Mi padre me dijo que no había problema y concluyó rápidamente:

"Y como era una niña real a estas horas ya estaba en la cama preparándose para dormir, fin"



Y esta fue la única vez que recuerdo a mi padre contándome un cuento de niña (de adulta las historias fueron en sesión continua!)

Hijitamía.

lunes, 29 de agosto de 2016

Sobre las pseudoboleadoras

Qué hubiera sido de la vida de mi padre si hubiera sido actor de Hollywood? (Puestos a soñar....) 

Talento no le faltaba, capacidad de improvisación le sobraba y vergüenza no tenía!

Yo creo que hubiera tenido éxito, hubiera sido una cosa así como un híbrido de Cantinflas y Jack Nicholson protagonizando spaguetti westerns!  

Lo digo porque a él le encantaba ser el centro de atención, le encantaba contar las historias más estrambóticas, cantar las canciones más cómicas y los chistes más bestias!

Le gustaba hacer reír a la gente y utilizar bromas y burlas, pero no le gustaba que se rieran de él! 

Me viene a la mente una de las pocas ocasiones en las que creo que no disfrutó mucho siendo el causante de las carcajadas del público.


Hace ya bastantes años, pasamos el verano en un hotel de Menorca y por las noches había espectáculo. 
Una noche tenían un show de Gauchos con boleadoras (unas pelotas de cuero atadas a unas cuerdas que los bailarines usan como elementos de percusión girándolas muy rápido a ambos lados del cuerpo)





De repente paran de bailar y piden un voluntario, alguien que se atreviese a hacer lo que ellos hacían (¿adivinan quién salió al escenario?)


Sí, mi padre con alma de llanero subió al escenario pensando que le sobraba talento, fuerza y destreza para imitar a los bailarines "eso también lo puedo hacer yo" (toma ya!)


Pues bien, el show tenía otra intención. 

Le pusieron una ruana cutre y un sombrero que se lo bajaron hasta las cejas mientras el público se desternillaba de la risa de ver al "intento de gaucho patético" y para mayor cachondeo, en vez de las boleadoras le dieron un par de bolas de porexpán enormes atadas a dos cuerdas, lo que desató más carcajadas del público y a su vez mi padre cada vez tenía la cara más seria. De repente, la música empezó y le dieron la señal para que empezara a batir las "pseudoboleadoras" y como es lógico rebotaban contra el suelo, con su espalda, cabeza... La descoordinación era total y el resultado era muy cómico.

La gente seguía riéndose, pero a juzgar por su cara, mi padre no le veía la gracia. (Lo cual era todavía más gracioso!)

Por suerte y para deleite de toda su familia todo esto quedó registrado en una cinta de video que hemos visto cientos de veces!

Fue un gran "revés" a su ego de llanero, pero, valió la pena!!

(Luego, con tiempo y perspectiva le pareció hasta gracioso a él mismo!)

Hijitamía.

viernes, 29 de julio de 2016

Sobre un gran susto

Esta es una historia que le encantaba contar a mi padre, escrita por mi no es lo mismo, no tiene gracia, pero si conocían a mi padre recordarán fácilmente su cara tan expresiva!

Resulta que lo habían citado unos clientes en su taller. Mi padre salió bien temprano y después de una horita de trayecto se encontraba en la verja. 

Por aquel entonces no había móviles y como vio que estaba un poco abierta decidió aventurarse, así que dejó el coche afuera y entró caminando.

La nave del taller estaba a unos metros de la entrada y no se veía a nadie.

De repente sale un perro y empieza a venir hacia él, era enorme, pero mi padre nunca le había tenido miedo a los perros, así que siguió caminando. Sin embargo, algo no le cuadró y volvió a mirarlo y de pronto reaccionó y vio que aquello no era un perro, era un león!



La facilidad de muecas no le era suficiente al contar esta historia, porque no podía representar realmente la impresión que se llevó... Estaba tan aterrorizado que ni la voz le salía!

Por suerte no hizo falta pedir auxilio ya que todos los del taller estaban escondidos esperando a ver su reacción como broma, el león lo habían criado como un perro y se comportaba como tal...

Después estuvo yendo varias veces y se hizo amigo del león, decía que era como un perro,  pero el susto fue de campeonato!

Y así es como acabaría una historia más o menos normal...

Pero ya conocen un poquito a mi padre y saben las ideas de bombero que tenía... 

Resulta que se hizo tan amigo del león,  que ni corto ni perezoso lo pidió prestado, lo subió a su Ford Fiesta y se fue con él a casa. 

Cuando llegó  llamó a mi madre diciéndole "Gordita, mira que sorpresa te he traído" ella salió a la puerta y se vio a la bestia en el coche (el león,  mi padre ya había salido del coche) se pegó un susto horrible y salió corriendo (ahora era mi padre el que se reía!). 

Intentó que mi madre se acercara al león explicándole que era como un perro y todo lo que le habían contado cuando él se llevó el susto, pero no consiguió convencerla y no llegó a bajarlo del coche, tal como vino se fue!

Con sorpresas así ¿quién se podía aburrir?
 
Hijitamía.

miércoles, 29 de junio de 2016

Sobre la playa

Cuando llega el verano tengo el recuerdo imborrable de mi padre en la playa.

Cada día que me giro al entrar en casa y veo su foto en la playa me acuerdo de miles de cosas.
Se la hizo mi hermano, es prácticamente toda azul con mi padre en medio, está metido en el agua hasta los hombros, guiñando el ojo derecho (no por posar sino porque le pegaba el sol en la cara) y haciendo el signo de victoria con las dos manos. Es genial. Es su última foto. Es triste.... 

Y entonces para no encasillarme en esa tristeza, me aferro a lo de siempre, a los recuerdos!

Hablando de recuerdos, hay cientos de ellos en la playa, desde excursiones en barco a verlo montar su adorada moto de agua, pasando por playas recónditas que resultaban ser nudistas y mi padre sin saberlo ( o no) llevaba a toda la familia más a la pudorosa visita, paseos con helado incluido, montar en bicis múltiples cual turista, pasarse toda la mañana cavando hoyos con mi hermano cuando tenía 2 años, etc.

Sin embargo, el recuerdo más presente es sin duda alguna el más cercano, las últimas veces que fui a la playa con mis padres.

Mi padre aparcaba donde siempre, íbamos temprano, antes de que se llenara de turistas, nos dirigíamos directamente a nuestro lugar (a la derecha de la "caseta" del vigilante). Mi madre y yo extendíamos cuidadosamente las toallas y nos sentábamos  (todavía con la ropa) y cuando mirábamos para arriba mi padre ya se estaba quitando la última manga de la camiseta y se buscaba en los bolsillos a la vez que decía "Gordita (mi madre) hazme un favor y guárdame la billetera y (buscando sin éxito) las llaves, dónde puse las llaves?" Y mi madre "Me las diste cuando cerraste el coche" " Ahh perdona eh, perdona" (poniendo voz chistosa y una mueca)
"Bueno, yo me voy al agua, ¿vienes hijita?"
"Yo iré más tarde papá,  cuando entre en calor"
"Bueno hijita, te espero en el agua pero ven y así charlamos un rato, últimamente he estado haciendo ejercicios en el agua, luego te los muestro"
"Vale, luego voy"

Y me quedaba sentada con mi madre viendo la ya conocida escena de mi padre  yéndose a bañar al mar, porque sabíamos que tanto la entrada en el agua como la salida nos harían reír!

Para empezar, iba todo decidido hacia la orilla, no se paraba cuando el agua le tocaba los pies como casi todos hacemos, parecía como si el cambio de temperatura no le afectase y luego, cuando el agua le llegaba a los tobillos, inexplicablemente se tiraba en plancha (según él  de cabeza) y aparecía (también inexplicablemente) varios metros más hacia dentro en vez de lo que nos imaginábamos todos (que se quedara encallado en la arena!)
¿Cómo lo hacía para tirarse con tan poca profundidad? Todavía nos lo preguntamos pero nos reíamos muchísimo de verlo!
Aparecía ya con el agua hasta los hombros y gritaba desde allá  "El agua está buenísima pero un poco mojada!" Y nos llamaba uno a uno y alguno caímos (su mujer, su hijito, su yerno o su hijita)



El agua tenía un efecto catártico en él,  se ponía filosófico y le gustaba hablar de muchas cosas, hasta que en mi caso, ya tenía los labios morados y tenía que salirme del agua, él se quedaba prácticamente la totalidad del tiempo que pasábamos en la playa en remojo.

Cuando ya decidía salir venía  (cómo  no) con agua para mojarnos a los que estábamos en las toallas y entonces venía el "secado". Siempre se iba a las duchas, no sé por qué se secaba tanto antes...El caso es que se secaba como si estuviera en casa (sólo le faltaba un murito para subir la pierna!) Y cuando acababa se envolvía la toalla (por encima del ombligo y bien tensa cual pareo masculino hawaiano tradicional) luego se peinaba con las manos y nosotros al verlo cual chorizo (hawaiano) embutido en la toalla intentábamos sutilmente que se sentase, sin embargo él se quedaba de pie, la verdad es que creemos que fue el primero en promocionar los pareos masculinos (claro que el suyo con toalla) para suerte de su familia burlona!

Misteriosamente los días en que se ponía la toalla-pareo todavía más arriba todos nosotros caminábamos sospechosamente rápido y él nos decía "Esperadme, ¿por qué vais tan rápido?" y nosotros "¡Es que la arena quema!"

Y ya no es triste.. 

Hijitamía.





domingo, 29 de mayo de 2016

Sobre los recuerdos "de coche"

Una de las virtudes de mi padre fue la de ser un conductor excelente que disfrutaba al máximo conduciendo. Eso hizo que mis padres se apuntaran a todo tipo de planes aunque fueran lejos o a viajar con el coche, etc..
Son muchos los recuerdos que tengo de mi padre en el coche, por ejemplo:
- Su manera de pitar al salir del parking o al llegar a una esquina (para avisar a los peatones) (Aunque a veces estuvo a punto de provocarle un infarto a más de uno con el estruendo!)
- Su cara de "aparcar marcha atrás" cogiendo el cabezal del copiloto mientras con la otra mano giraba el volante con los ojos fijados en la carretera sin parpadear y mordiéndose la lengua que le salía por un lado de la boca"
- Poniendo muecas por el retrovisor o cogiéndome la pierna por sorpresa al tiempo que emitía cualquier tipo de onomatopeya para asustarme.
- El modo de arrancar apretando botones imaginarios e indicando a los tripulantes que la "Máquina Total" (un nombre muy poco pretencioso...) iba a despegar en breve.
- Antes de tener la "Máquina Total" tuvo otro coche (que se ve que no merecía nombres) en el que recuerdo ir sentada atrás agarrándome de los cabezales de mis padres y cantando canciones todo el camino (también recuerdo que llegados a un punto mi padre me decía  "ya hijita, tranquila, cállate un ratito..." (se ve que hablaba mucho...). Sin embargo, la cosa no quedaba así,  irremediablemente al callarme tardaba poco en quedarme dormida y lo único que me despertaba era el "manotear" de mi padre sobre el volante al aparcar (gracias a la falta de dirección asistida ) aunque yo me hacía la dormida y así se veía forzado a cargarme hasta casa!
- Otro vehículo imprescinsible en la familia fue "La furgo": que sin duda nos trae los mejores recuerdos:
Meterle colchones cuando iban "las niñas" atrás en un viaje largo para que pudiéramos dormir, recolectar cada una nuestra sillita y cubo (por si nos daba el mareo) cuando venían mis primas a veranear; ir con mi padre a la perrera y adoptar un perro y llevarlo atrás mientras voy sentada sobre el chasis que recubre la rueda; excursiones inolvidables;  acompañar a mi padre a trabajar, etc.
- El día que intentó enseñarme a conducir (digamos que sólo llegué  a ponerme el cinturón porque en ese punto ya estábamos discutiendo...así  q al día siguiente me apunté a una autoescuela)
- El día que mis padres me compraron mi primer coche y fui con mi padre al concesionario: yo no lo sabía y me sorprendió por el camino "tu madre y yo hemos hablado y....... y vamos de camino al concesionario! Chan chan chaaaaan!"
Coincidía que era diciembre y mi cumpleaños se acercaba y como lo que más le gustaba en esta vida a mi padre era llamar la atención y despertar toda admiración  (y chulear!) Entró diciéndole con aire distinguido al vendedor que "iba a comprarle un regalo de cumpleaños  su hijita" por supuesto al comercial le salieron símbolos del dólar en las pupilas y acabamos comprando un coche mucho más caro al que yo tenía pensado y al que tuve que esperar más de un mes porque en un arranque de euforia mi padre lo pidió "tal y como el que tienen expuesto" (los símbolos del dólar salieron otra vez en los ojos del vendedor pero esta vez a todo color!)
*este no era para nada el tipo de regalos de cumpleaños que hacíamos en casa, es más mi coche ha sido el único coche nuevo de la familia, se ve que del subidón del momento acabamos así! 
Es la historia más materialista que tengo pero la felicidad de mi padre comprando el coche para su hijita como tal "tio gilito" y mi emoción tras el discurso "tu madre y yo hemos hablado y hemos decidido comprarte un coche porque...(halago, halago y más  halagos) fue algo único!
- La manera en que mi padre me esperaba para que lo recogiera en la oficina con el coche nuevo e iba todo el camino cogiendo la agarradera...
- En los últimos viajes cuando ya no conducía venir al aeropuerto a recogerme con mi madre y decir "yo voy atrás con mi hijita"
Hijitamía

viernes, 29 de abril de 2016

Sobre el cambio de opinión

Desde siempre recuerdo ir a la compra con mi madre y luego mi madre, mi hermano y yo, pero nunca mi padre.

A la pregunta: "Papá, ¿pq no vienes a la compra?" Respondía  "No me gustan
 esos sitios llenos de gente, hijita, yo mejor me quedo cuidando la casa"

El caso es que, con la vejez o no sé  con qué, las tornas se cambiaron y era mi padre el que le preguntaba a mi madre qué hacía falta para la casa...

No sé  por qué  lo preguntaba, porque acababa con de todo menos con la lista (o en todo caso muy limitada). Eso sí,  había  cosas que nunca fallaban: traía un cargamento de papel higiénico "es que estaba de oferta"  y una bolsa llena de conservas de pescado: berberechos, navajas, sardinas, calamares, etc, etc y sus adorados mejillones!

"¿Nunca os he contado cuál es el bocadillo más delicioso que me he comido? Cuando estaba interno en el colegio, nos íbamos un grupo de amigos cada mañana y nos comprábamos una barra de pan y una lata de mejillones y nos hacíamos el bocata que comíamos sentados en la acera..Mmm era 'delisioso'"

En fin, a lo que íbamos, no sólo se aparecía con 1 de cada 4 cosas de la lista y sus caprichitos, sino que se iba de "tour" por todos los grandes almacenes y nos traía "regalitos chungui-gangas" que la mayoría de veces ninguno necesitábamos, o que se rompían tras el primer uso,  pero  que igualmente nos encantaban, en parte, porque mi padre nunca fue una persona detallista y ver que se acordaba de nosotros y nos compraba cosas como  el "roto-styler" (que obviamebte vino roto), un paquete de bridas o unos calcetines era inédito.

(Cuando era pequeña, mi padre viajaba constantemente por trabajo y siempre me traía el mismo regalo: la toallita mojada de cortesía que daban en el avión  y a veces la bolsita de cacahuetes o la chocolatina... eso sí,  siempre me anunciaba la entrega del "regalo" como algo super especial)

Así  es como descubrimos qué pasaba con los catálogos de grandes supermercados que llegaban al buzón.

Resulta que nadie los tiraba, sino que más bien mi padre los recopilaba, los estudiaba y cuando aparentaba "ir a la compra" se iba en busca de sus tesoros en oferta!

Creo sinceramente que cuando el Lidl sacó su "semana de la herramienta" esta se convirtió  en una de las más felices de mi padre!

Ahora no puedo evitar mirar también los catálogos de supermercado y pensar en qué  regalitos le compraría yo a  él!

Aunque ninguno se asemejaría al que le tenía preparado para este lunes 25 de abril, algo que no viene ni en los mejores catálogos, su primer nieto.

Hijitamía.

martes, 29 de marzo de 2016

Sobre la errata

En mi familia, la cabezonería es algo característico de cada uno de nosotros: tanto a nivel físico como a nivel mental, pero sin duda alguna ganaba mi padre!

Este rasgo tan definitorio, tiene como todo, sus cosas buenas y sus no tan buenas... Por ejemplo:

Cosas buenas:
Mi padre conseguía todo lo que se proponía con una receta especial de: voluntad, esfuerzo y toneladas de cabezonería. Hizo lo que le apeteció y vivió como quiso y eso fue en parte a esa virtud-defecto de la que os hablo.

Una de sus virtudes era la persuasión, aunque siempre me quedó la duda de si era por sus dotes convincentes o por su cabezonería de conseguir algo: la verdad es que debía ser una mezcla de todo pero no me extrañaría que mucha gente accediera a lo que mi padre le proponía con tan de que se callase y parara ya de insistir!

Cosas no tan buenas:
Vivir toda su vida con una cicatriz en la sien, fruto de los fórceps que ayudaron a este "bebé" a llegar al mundo! (Cuando decía lo de cabezón era en serio!)

El hecho de que tu propio abuelo que te quería con locura no fuera ajeno al hecho de que eras excesivamente cabezón y decidiera componerte una canción al respecto (este era un aspecto malo/vergonzoso para él, pero gracioso para los demás! Aunque nunca nos dijo qué decía exactamente la canción...)

O llegar al colmo de la terquedad y que se te vea el plumero!
Este episodio pasó conmigo (que como hija de mi padre no me quedo atrás en mi nivel de cabezonería, aunque lo estoy intentando superar volviéndome más flexible!)*

* Dicen que el primer paso es reconocerlo!



Estábamos hablando de un hecho en concreto durante la comida (yo conocía lo cabezón que era mi padre, por lo tanto, si decidía llevarle la contraria lo hacía a sabiendas de las consecuencias, por lo que la mayoría* de veces, optaba por darle la razón y evitar discusiones.

* Mayoría en este caso se entiende como un concepto subjetivo.

El caso es que ese día estaba tan segura de que tenía la razón, que no pude evitar oponerme a sus argumentos. Lo que sucedió a continuación fue que la cabezonería de él potenció la mía y me fui a la enciclopedia (si, de esto hace ya mucho tiempo) y efectivamente, en ella hallé la respuesta que defendía. Corrí con el tomo en la mano e hice que mi padre leyera por si mismo lo que yo llevaba rato explicando... Para sorpresa mía su reacción fue la siguiente:

Puso cara de desaprovación y dijo solemnemente "Esta enciclopedia está errada" y punto final.

Y así es como aprendí que no servía de nada intentar cambiar la opinión de mi padre, pues me quedé igual de frustrada. Dejé pasar el tiempo hasta que fui lo suficientemente mayor y la "cosa" ganó algo de perspectiva y gracia y entonces un día le recordé el episodio. Acto seguido soltó una carcajada y dijo:

"Y yo qué iba a saber hijita!! Lo que sí tenía claro es que no me iba a dejar ganar!!"
(y punto final!)


Hijitamía.

jueves, 29 de octubre de 2015

Sobre el positivo


Hoy voy a hacer una recopilación de bailes, sintonías y demás actuaciones de mi padre asociadas a diferentes eventos de la vida:


Como ya he ido comentando y describiendo el carácter de mi padre y sus reacciones únicas a todo tipo de sucesos, no voy a aburrir repitiendo, pues a estas alturas estas ocurrencias no deberían sorprender a nadie.


-          Sintonía de intriga: Cuando alguien debía emprender una aventura, un nuevo reto, un plan divertido. Se requería cantar “El llanero solitario” en onomatopeya, al mismo tiempo que se movían las cejas arriba y abajo muy rápido:



“Birubirubí pau pau pau”



-          Sintonía de logro personal (desde arreglos del hogar a éxitos varios). Se requería cantar la canción del “Muchacho flaco” al mismo tiempo que se bailaba una especie de salsa y se cogía al primero que pasara por delante para que se uniera al baile.



“Yo soy un muchacho flaco, pero de corazón tierno… lalalalalala…”



-          Sintonía del anfitrión (tarde o temprano en cualquier reunión antes, después o en medio del repertorio de chistes aclamado por el público). Se requería poner falsete de tenor y cantar la ranchera de “El rey”



“Con dinero y sin dinero, yo hago siempre lo que quiero y mi palabra es la LEY”



-          Representación para demostrarle a mis hijos la capacidad de memorización tan impresionante que tenía su padre. Dependiendo del día se requería recitar la Canción del pirata de Espronceda o nombrar a los no sé cuántos varones apostólicos que tuvo que memorizar cuando tenía unos 10 años (¡y todavía recordaba!).



¡Así que nada de quejarse por tener que estudiar!



-          Sintonía a cantarle a los hijos cuando nombraban asuntos amorosos. Se requería poner cara de pícaro, volver a poner falsete de tenor y cantar con el mejor acento de inglés inventado posible:



“Strangers in the night….lalalalala…dubidubiduu”



-          Sintonía y baile de baile (valga la redundancia e independientemente de la música que esté sonando). Se requiere bailar una especie de “mambo” riendo y de un momento a otro gritar “MAMBO UH” y dar un salto mientras se coge el propio cuello de la camisa como si la tiraras para arriba para después decir “AHHHH UH!” y seguir bailando como si nada.


A pesar de todo este repertorio tan amplio y la cantidad de recuerdos que tengo de mi padre bailando y cantando hay uno que se me quedó grabado para siempre.


El día que se enteró de que mi madre estaba embarazada de mi hermano.


(Por supuesto yo no sabía nada, porque todavía no lo habían confirmado). 

Era verano y nos encontrábamos en el campo pasando las vacaciones. Bajé a ver qué estaba haciendo el perro, cuando me encuentro a mi padre bailando y cantando “boleros” y lo pongo entre comillas porque a pesar de estar tarareando la música correcta más que bailar boleros parecía Homer Simpson en el país de caramelo. Yo no tenía ni idea de lo que pasaba, pero en todo caso, debía de ser bueno si mi padre estaba bailando y cantando, así que en seguida que me vio me dijo que me uniera al baile (por supuesto me puse a saltar cual Heidi en la pradera a la par que cantábamos “titiruriruri tiruriruri”), fue genial, aunque cuando me enteré del porqué del baile fue todavía mejor.




En mi caso, cuando recuerdo a mi padre, no sólo recuerdo o hipotetizo lo que me diría, sino que también emparejo las situaciones con sintonías varias. Hoy, por ejemplo, tenía que ir a un sitio que suponía mucha expectación y nervios (intriga al fin y al cabo) y me encontré a mi misma diciéndome “allá vamos, birubirubí pau pau pau”, siempre me da ánimos y sobre todo ganas de reír. 


Otras veces me ayuda a combatir la nostalgia de saber que no voy a poder compartir con él, que se va a perder esto, porque entonces me acuerdo del baile que le dedicó al positivo de mi madre y me pongo a hipotetizar qué baile le hubiera dedicado a mi positivo hace poco más de tres meses y me dan ganas de reír de nuevo.





  -Papá, vas a ser abuelo: birubirubí pau pau pau-

Hijitamía.

martes, 29 de septiembre de 2015

Sobre la reacción inmediata

Como ya he comentado antes, el afán protector de mi padre iba más allá del límite temporal. Se desesperaba tanto de ver que su hijita tenía algún tipo de dificultad, que ideaba todo tipo de soluciones inmediatas. Aunque en la gran mayoría efectivas, nunca hubo tiempo de calcular los posibles efectos adversos. Aquí van tres ejemplos:



Una cuestión de piojos:

Una noche del verano del noventa y poco, empecé a notar algo raro en mi cabeza, me picaba y notaba como bultos por todo. Traté de no prestarle mucha atención, pero en poco tiempo me desesperé. Mi padre me revisó la cabeza y de repente vio algo extraño, yo entré en pánico y por contagio él también. Como digo, mi padre no toleraba ver que no podía solucionar todo, así que en cuestión de segundos me hizo salir de la casa y poner la cabeza hacia abajo, noté que usaba un spray mientras decía “¡uno!” y cogía algo de mi pelo, “¡otro!” y así repetidamente hasta que dijo “¡listo!”
Y esta es la historia de la exterminación de piojos más rápida del mundo llevada a cabo por mi padre con la ayuda de sus manos y un bote de matamoscas (o “fli”).

Una cuestión de puntos:

Esta vez se trata de un día del verano del noventa y poco, cuando inesperadamente me caí de la bici y me abrí la barbilla. Tuve que ir de urgencias y me pusieron 6 puntos. Tal fue mi trauma que me negué a volver para que me quitaran los puntos. Así que cuando mi padre vio que estaba tan asustada volvió a tomar una decisión exprés de las suyas. Me dijo, “espera un momento hijita” y se fue a otra habitación. Al cabo de un rato me llamó, se había sentado en una mesita y tenía un vaso de alcohol, y su famosa y adorada navaja suiza. Sacó de la navaja unas pinzas y desplegó las tijeritas, sumergió todo en alcohol y me quitó los puntos uno por uno mientras se felicitaba a sí mismo por el buen trabajo de cirujano que estaba haciendo. Yo mientras tanto, a pesar de estar aliviada de no tener que ver al “monstruo” que me cosió (sin anestesia) pasaba pena de que a mi padre le fallaran los cálculos. No fue así afortunadamente y otra solución veloz que salió bien.

Una cuestión de vista:

Cuando llevas gafas desde los dos años permanentemente, la opción de que te pongan lentillas es casi como un sueño. Mi sueño se hizo realidad a los 12 años. ¡Por fin llegó el día en que iría por primera vez al cole sin gafas! no me lo podía creer. Sin embargo, la felicidad no duró tanto, ya que me pasé más de media hora en el baño y no fui capaz de ponerme las lentillas: se me cerraban los ojos, se me caían las lentillas, se me doblaban, se me quedaban pegadas en el dedo…en fin…un drama… Me fui al cole sin gafas, pero sólo porque necesitaba secarme las lágrimas de los ojos por el camino (no porque llevara mis lentillas). Mi padre al ver mi frustración decidió tomar cartas en el asunto y se le ocurrió que nos levantaríamos los dos media hora antes de lo previsto para tener más “margen de maniobra”, porque Él iba a lograr que me fuera con las lentillas puestas. El plan fue así: yo me tumbaba boca arriba aguantándome los párpados para evitar que se cerraran por reflejo y mi padre cogía las lentillas con sus dedos rechonchos y las “tiraba” sobre mis ojos como quien pone gotas contra la conjuntivitis…

Y así, aunque parezca mentira, es como logré llevar lentillas por primera vez. 

Así era mi padre: creativo y de decisión rápida. No puedo decir que no me sienta identificada. Sin embargo, mi naturaleza reflexiva no me dejaría tomar según qué decisiones por miedo a que las cosas no salieran como se espera… (o quizás es que digo esto porque no tengo hijos y realmente así son los padres, con tal de solucionar cualquier malestar a sus hijos…)

De hecho, ahora que lo pienso, me vienen más recuerdos de otros padres añorados que reaccionaban de forma tan inmediata como el mío. En especial recuerdo al padre de mi amiga M. que después de ver nuestra preocupación porque la enciclopedia no nos daba la información necesaria, se pasó toda una tarde llamando varias veces al servicio de información (no había internet) con tal de ayudarnos a hacer un proyecto del colegio. Nos explicó que podíamos llamar y preguntar, pero ninguna accedió, así que no tuvo más remedio que seguir llamando a cada duda que surgía… ¡Fue nuestro héroe!

-Papá, espero algún día ser tan empática, veloz y recursiva como tú, ¡mil gracias por tu ayuda!-
(Eso sí, lo del fli me parece que no lo repetiría...)

Hijitamía.