Mi padre solía referirse a sí
mismo como el “espalda plateada”, lo decía con orgullo en momentos en los que él
veía similitudes con el rol del gorila, ofreciendo: protección, ayuda,
decisión, empuje, etc. A lo que nosotros, la familia, nos burlábamos de la
comparación buscando otras similitudes como: pelo plateado, magnitud corporal
considerable y andares “gorilenses”, a lo que él respondía con un gruñido y un
par de golpes en el pecho para seguir la mofa (cómo no…).
Bromas aparte, nunca pudimos
negar que si la referencia del gorila era principalmente por su papel
protector, todos estábamos de acuerdo. Mi padre era por encima de todo, un gran
“pasador de pena”, quería a toda costa evitarle el sufrimiento a los demás
(como he comentado en otros posts) y su estrategia para lograrlo era ser un
protector extremo. Obviamente no logró evitar el sufrimiento por completo, pero
por lo que a mí se refiere, sí que logró transmitirme esa seguridad que él
tanto se esforzaba por conseguir.
Cuando era pequeña, recuerdo que hubo
una temporada en el que había mucho miedo a dormir solo y que en el cole lo
hablábamos. Muchos niños hablaban de ladrones, fantasmas, monstruos, etc…. Yo,
sin embargo, nunca he tenido problemas ni miedos para dormir, pero tras
semejantes conversaciones, había días en los que me costaba conciliar el sueño,
aunque lograba dormirme a los pocos minutos y recuerdo exactamente cuál era mi
reflexión: “si alguien quiere entrar en casa, primero tendrá que pasar por el
cuarto de los papás y mi papá no permitiría nada” y con esa sensación de tener
un superpapá me dormía tan tranquila.
Incluso de mayor (a pesar de que
no se solucionara nada con el hecho) las palabras de mi padre siempre me hacían
sentirme arropada, aunque sólo fuera por la broma. Por ejemplo, en casos de
incertidumbre de si iba a lograr conseguir determinada cosa, él siempre me
decía: “no te preocupes, diles a todos que eres mi hijita y verás cómo lo
consigues/te dejan pasar/te dan preferencia/te tratarán muy bien, y un largo
etcétera. En momentos de incertidumbre o decepción oír a tu padre en ese plan,
no te dejaba más opción que sonreír y contestar con un tono condescendiente “papá…”
Hijitamía.

