jueves, 29 de enero de 2015

Sobre el espalda plateada

Los gorilas «espalda plateada» son fuertes y dominantes, dirigentes de grupos de 5 a 30 individuos, y son su centro de atención; toman todas las decisiones, median en conflictos, deciden los movimientos del grupo, llevan a los demás a sitios donde alimentarse y toman la responsabilidad de la seguridad y bienestar del grupo.

Mi padre solía referirse a sí mismo como el “espalda plateada”, lo decía con orgullo en momentos en los que él veía similitudes con el rol del gorila, ofreciendo: protección, ayuda, decisión, empuje, etc. A lo que nosotros, la familia, nos burlábamos de la comparación buscando otras similitudes como: pelo plateado, magnitud corporal considerable y andares “gorilenses”, a lo que él respondía con un gruñido y un par de golpes en el pecho para seguir la mofa (cómo no…).

Bromas aparte, nunca pudimos negar que si la referencia del gorila era principalmente por su papel protector, todos estábamos de acuerdo. Mi padre era por encima de todo, un gran “pasador de pena”, quería a toda costa evitarle el sufrimiento a los demás (como he comentado en otros posts) y su estrategia para lograrlo era ser un protector extremo. Obviamente no logró evitar el sufrimiento por completo, pero por lo que a mí se refiere, sí que logró transmitirme esa seguridad que él tanto se esforzaba por conseguir.

Cuando era pequeña, recuerdo que hubo una temporada en el que había mucho miedo a dormir solo y que en el cole lo hablábamos. Muchos niños hablaban de ladrones, fantasmas, monstruos, etc…. Yo, sin embargo, nunca he tenido problemas ni miedos para dormir, pero tras semejantes conversaciones, había días en los que me costaba conciliar el sueño, aunque lograba dormirme a los pocos minutos y recuerdo exactamente cuál era mi reflexión: “si alguien quiere entrar en casa, primero tendrá que pasar por el cuarto de los papás y mi papá no permitiría nada” y con esa sensación de tener un superpapá me dormía tan tranquila.

Incluso de mayor (a pesar de que no se solucionara nada con el hecho) las palabras de mi padre siempre me hacían sentirme arropada, aunque sólo fuera por la broma. Por ejemplo, en casos de incertidumbre de si iba a lograr conseguir determinada cosa, él siempre me decía: “no te preocupes, diles a todos que eres mi hijita y verás cómo lo consigues/te dejan pasar/te dan preferencia/te tratarán muy bien, y un largo etcétera. En momentos de incertidumbre o decepción oír a tu padre en ese plan, no te dejaba más opción que sonreír y contestar con un tono condescendiente “papá…”


Hijitamía.

Sobre el cariño

Hablando de espaldas y hablando de mi padre no puedo evitar acordarme de las muchas veces que le rascaba la espalda. Rascarle la espalda a mi padre era algo muy “injusto”, yo me pasaba “horas” en darle una rascadita por toda su espaldota de gorila mientras que él para rascarme mi espalda de hijita de 6,7,10 o 28   años lo hacía en dos segundos (algo que siempre le reprochaba). En casa mi padre era un mimado y siempre pedía “rascaditas de espalda” y mi hermano y yo también hemos salido igual. 

En la universidad tuve una profesora maravillosa que un día explicando la importancia del apego entre padres e hijos hacía referencia al contacto físico y a las muestras de cariño en la familia y cómo una dinámica afectuosa influye y beneficia a ambas partes. Nunca había reflexionado sobre cuán cariñoso era mi padre hasta ese momento (aunque parezca mentira) en el que justamente la profesora puso como ejemplo rascar la espalda o hacer masajes en la familia. Entonces rápidamente hice un balance de la cantidad de besos y abrazos que me daba mi padre, en cuántas veces habíamos dormido abrazados (cosa que mi madre nunca entendió, pues con el tamaño de mi padre ¡pensaba que yo me ahogaría!) o todas las veces que mi padre me acarició el pelo mientras mi cabeza estaba acostada sobre su enorme pecho de pelo blanco. 

Ese día llegué a casa diciéndole a mi padre “papá que sepas que si soy cariñosa es gracias a ti y a tus rascaditas de espalda”


* Como es lógico, también es gracias a mi madre, pero como este blog no es sobre las cosas buenas de mi madre, no entraré en detalles. 

(No me sorprendió para nada que su contestación fuese: “y hablando de eso hijita, ahora que estás aquí no le darías una rascadita a tu padre que te quiere tanto y está tan enfermito?”)

Hijitamía.