martes, 29 de noviembre de 2016

Sobre la protección, los tres años y demás

Ya he comentado anteriormente el fuerte impulso de protección que dominaba las acciones de mi padre (principalmente hacia sus hijos), pero en el día de hoy, me viene a la mente una en especial, que ejemplifica perfectamente lo que vengo a decir:

Era el verano del 95 y habían venido varios primos a pasar las vacaciones con nosotros.

Estábamos todos encantados de pasar el día en la playa. De repente, en el agua se ve una lancha que arrastra un flotador amarillo en forma de salchicha lleno de gente encima, no pasan ni 10 minutos y ya estábamos haciendo cola (éramos un grupo de 10 o 12, no recuerdo)

Lo que sí  recuerdo es que tuvimos que esperar un tiempo extra porque tuvieron que ir a traer un chaleco salvavidas especial para la envergadura (pura musculatura ) de mi padre, ante la negativa del conductor a seguir la solución que proponía mi padre: abrochar 2 chalecos entre sí para cubrir su tamaño. Ya había empezado con su invento, cuando le trajeron el XXL...

Cuando todos tuvimos puesto el chaleco, mi padre decidió que él se sentaría a la cola de la salchicha y a mi me hizo sentar delante de él.

La lancha aceleró a fondo, todo eran risas y gritos de emoción cuándo de repente (a los dos minutos de empezar ) la lancha se dispone a hacer una curva y empiezo a oír la voz de mi padre por encima de las demás  "Este mamón,  este mamón  nos va a tirar en la curvaaaa, nos va a tiraaaaar, nos va a ti..." y ya lo siguiente que escuché  fue el "splash" de estar cayendo en el agua.

Cuando saqué la cabeza del agua y miré  a mi alrededor estaba completamente sola, muy lejos de la orilla (por lo menos para una niña de 11 años ) en el trozo de "fondo negro" que me daba terror y la salchicha con todos sus integrantes alejándose con el grito de mi padre "ahora venimos a buscarteeeeee"


Y ahí me quedé,  viendo como la salchicha daba vueltas, oyendo las risas e intentando no mirar hacia abajo, ni pensar en el fondo negro a mis pies...

Cuando vinieron a buscarme, mi cabreo era monumental (y de verdad...)
Le pregunté  a mi padre por qué lo había hecho y él  convencido de que había sido la mejor elección y sin ningún tipo de remordimiento me contestó  " Hijita, ¿no te diste cuenta que nos iban a tirar? Me entró  el miedo y no quería que nadie se te cayera encima"

Y así  era con todo. Ese fuerte impulso de protección tenía también cosas positivas, como su total disposición a ayudarnos, servirnos de taxi, apoyarnos en todas nuestras ocurrencias y penas, ser el hombro en el que llorar, etc.
Él era un nostálgico empedernido, de los que añoran cosas con antelación, un pasador de pena nato. Y como hija, aprendí a usarlo como forma de manipulación en el caso de necesitar "taxista"

"Papá,  ¿me acompañas a la universidad para poder llegar rápido? es q con el bus tardo mucho más. .."

"Ay hijita, es que acaba de empezar la película de vaqueros...."

"Bueno, como quieras...pero cuando me haya ido de casa y te acuerdes de cuando te pedía que me llevaras,   echarás  de menos no poder hacerlo..."

Salgo de la habitación y a los 3 segundos:

"Hijita? Salimos en 6 minutos!"

¡Siempre funcionó!

Hoy hace 3 años que el espalda plateada nos dejó, 3 años de recuerdos, tristezas, vidas nuevas y demás, que no han pasado especialmente rápido...con la añoranza y el tiempo, los recuerdos positivos se me están haciendo un poco más duros y creo que es hora de parar y coger un poco de perspectiva para seguir en la camino resiliente.

De todas formas, siempre podré volver al camino de los recuerdos con un simple gesto y volverme a montar en el taxi con mi padre.

Sólo tendré que decir:

¡TAXI!
(¿Parará Papá?)


Muchas gracias a todos los lectores (familiares y amigos)
Mil gracias por vuestro apoyo incondicional.

Un abrazo.

Hijitamía.

sábado, 29 de octubre de 2016

Sobre qué jugar o dibujar

A simple vista jugar, dibujar y hacer cosas de niños debería ser facilísimo, sin embargo, en mi padre se notaba mucho el salto generacional y le costaba mucho adaptarse y sacar temas apropiados e interesantes para su hijita. Cuando se le ocurrían, no eran muy originales...pero, por suerte, siempre pudimos encontrar algo afin, aunque supongo que él debió agradecer que yo creciera "rápido " y pronto me pudiera hablar de temas de "mayores".


También tuvo otro punto a su favor, que fue el nacimiento de mi hermano, el Titmío, con él sí compartió muchas más actividades y fue una gozada ver su complicidad.


Volviendo al tema, me vienen a la mente los "recuerdos de pizza Industria"


Cuando yo debía tener unos 6 o 7 años, mis padres descubrieron una pizzería deliciosa, la masa era delgadita y crujiente, los nachos eran únicos y el personal encantador. Pero, para una niña de 6 o 7 años eso era lo de menos, lo realmente importante era que los manteles individuales eran pasatiempos, repito: ¡PASATIEMPOS!

A lo mejor ahora ya no tiene gracia, pero para mí era una novedad impresionante y cada fin de semana le pedía a mis padres volver, el rato que pasábamos era genial.

Por supuesto a esa edad no entendía nada de lo que pedían los enunciados de los pasatiempos, pero eso no era ningún problema, me dedicaba a rellenar casillas con dibujitos, a escribir la frase encriptada con lo que a mi me parecía  (mi nombre el 99% de las veces) y cuando ya acababa de decorar los pasatiempos le daba la vuelta a la hoja y las posibilidades eran infinitas.


Primero le pedía a mi madre que me dibujara su muñequilla estrella: una muñeca con cuerpo de corazón y ojos gigantes que me encantaba, y cuando ya me cansaba de repetir el mismo dibujo sin conseguir que me saliera tan bonito como el de mi madre, le tocaba el turno a mi padre.



Mi padre no tenía ni idea de dibujar las cosas que yo le pedía,  pero ni corto ni perezoso me persuadió para que me intrigara lo que él me iba a enseñar a dibujar, y así es como me "gradué con honores" en:


1. "Con un 6 y un 4 esta es la cara de tu retrato"
2. Árboles hechos con una línea vertical y otra en zigzag.
3. Escopetas, pistolas y cañones
4. Bicicletas (con sus platos y piñones)


Yo al principio le pedía perritos, muñecas y casitas, pero él me decía que no sabía (y es verdad, una vez me dibujó un perrito y el pobre perrito me dio tanta pena que nunca más le pedí que me lo dibujara).

En realidad yo lo que quería era dibujar con mi papá  (y con mi mamá ) así que acepté las pistolas y cañones con mucho gusto!


Me pregunto qué pensarían los camareros al recoger los manteles con tales obras de arte!


Por suerte, pronto crecí y pasamos a hacer ¡campeonatos de pasatiempos!

Hijitamía .

jueves, 29 de septiembre de 2016

Sobre la historia para dormir

Con la imaginación que tenía mi padre, uno puede pensar que fue un cuenta cuentos de niños alucinante, sin embargo, yo sólo recuerdo un intento de cuento fallido.

Una vez le dije a mi padre que me preocupaba la clase de natación del día siguiente y mi padre se ofreció a contarme un cuento, yo debía tener unos 6 años y estaba emocionadísima.

Empezó genial, porque parecía una historia real, la protagonista era una niña (como yo ) que hacía actividades parecidas a las mías  (como natación). No me importó esa falta de originalidad, incluso me gustó sentirme identificada. 

Sin embargo, la trama dio un giro inesperado cuando, en un intento de animarme, la protagonista también se siente insegura antes de saltar a la piscina.

En ese momento, pensé que lo que seguiría sería una lección, un consejo de cómo actuar, un truco...

En vez de eso resulta que todo se desarrolla muy rápido y mi padre acaba el cuento en dos frases:

 "Por arte de magia la tabla se convierte en Pinocho que le habla y la niña se pone muy contenta...
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado!"

"Perdona ¿has dicho Pinocho?"

Eso fue lo primero que pensé, pero como tenía 6 años y no había aprendido a expresar la frustración con ironías, me enfadé y le reproché a mi padre lo inverosímil que era la historia, él me habló de magia y hadas y tal y yo me indigné todavía más reivindicando una solución real...

Mi padre me dijo que no había problema y concluyó rápidamente:

"Y como era una niña real a estas horas ya estaba en la cama preparándose para dormir, fin"



Y esta fue la única vez que recuerdo a mi padre contándome un cuento de niña (de adulta las historias fueron en sesión continua!)

Hijitamía.

lunes, 29 de agosto de 2016

Sobre las pseudoboleadoras

Qué hubiera sido de la vida de mi padre si hubiera sido actor de Hollywood? (Puestos a soñar....) 

Talento no le faltaba, capacidad de improvisación le sobraba y vergüenza no tenía!

Yo creo que hubiera tenido éxito, hubiera sido una cosa así como un híbrido de Cantinflas y Jack Nicholson protagonizando spaguetti westerns!  

Lo digo porque a él le encantaba ser el centro de atención, le encantaba contar las historias más estrambóticas, cantar las canciones más cómicas y los chistes más bestias!

Le gustaba hacer reír a la gente y utilizar bromas y burlas, pero no le gustaba que se rieran de él! 

Me viene a la mente una de las pocas ocasiones en las que creo que no disfrutó mucho siendo el causante de las carcajadas del público.


Hace ya bastantes años, pasamos el verano en un hotel de Menorca y por las noches había espectáculo. 
Una noche tenían un show de Gauchos con boleadoras (unas pelotas de cuero atadas a unas cuerdas que los bailarines usan como elementos de percusión girándolas muy rápido a ambos lados del cuerpo)





De repente paran de bailar y piden un voluntario, alguien que se atreviese a hacer lo que ellos hacían (¿adivinan quién salió al escenario?)


Sí, mi padre con alma de llanero subió al escenario pensando que le sobraba talento, fuerza y destreza para imitar a los bailarines "eso también lo puedo hacer yo" (toma ya!)


Pues bien, el show tenía otra intención. 

Le pusieron una ruana cutre y un sombrero que se lo bajaron hasta las cejas mientras el público se desternillaba de la risa de ver al "intento de gaucho patético" y para mayor cachondeo, en vez de las boleadoras le dieron un par de bolas de porexpán enormes atadas a dos cuerdas, lo que desató más carcajadas del público y a su vez mi padre cada vez tenía la cara más seria. De repente, la música empezó y le dieron la señal para que empezara a batir las "pseudoboleadoras" y como es lógico rebotaban contra el suelo, con su espalda, cabeza... La descoordinación era total y el resultado era muy cómico.

La gente seguía riéndose, pero a juzgar por su cara, mi padre no le veía la gracia. (Lo cual era todavía más gracioso!)

Por suerte y para deleite de toda su familia todo esto quedó registrado en una cinta de video que hemos visto cientos de veces!

Fue un gran "revés" a su ego de llanero, pero, valió la pena!!

(Luego, con tiempo y perspectiva le pareció hasta gracioso a él mismo!)

Hijitamía.

viernes, 29 de julio de 2016

Sobre un gran susto

Esta es una historia que le encantaba contar a mi padre, escrita por mi no es lo mismo, no tiene gracia, pero si conocían a mi padre recordarán fácilmente su cara tan expresiva!

Resulta que lo habían citado unos clientes en su taller. Mi padre salió bien temprano y después de una horita de trayecto se encontraba en la verja. 

Por aquel entonces no había móviles y como vio que estaba un poco abierta decidió aventurarse, así que dejó el coche afuera y entró caminando.

La nave del taller estaba a unos metros de la entrada y no se veía a nadie.

De repente sale un perro y empieza a venir hacia él, era enorme, pero mi padre nunca le había tenido miedo a los perros, así que siguió caminando. Sin embargo, algo no le cuadró y volvió a mirarlo y de pronto reaccionó y vio que aquello no era un perro, era un león!



La facilidad de muecas no le era suficiente al contar esta historia, porque no podía representar realmente la impresión que se llevó... Estaba tan aterrorizado que ni la voz le salía!

Por suerte no hizo falta pedir auxilio ya que todos los del taller estaban escondidos esperando a ver su reacción como broma, el león lo habían criado como un perro y se comportaba como tal...

Después estuvo yendo varias veces y se hizo amigo del león, decía que era como un perro,  pero el susto fue de campeonato!

Y así es como acabaría una historia más o menos normal...

Pero ya conocen un poquito a mi padre y saben las ideas de bombero que tenía... 

Resulta que se hizo tan amigo del león,  que ni corto ni perezoso lo pidió prestado, lo subió a su Ford Fiesta y se fue con él a casa. 

Cuando llegó  llamó a mi madre diciéndole "Gordita, mira que sorpresa te he traído" ella salió a la puerta y se vio a la bestia en el coche (el león,  mi padre ya había salido del coche) se pegó un susto horrible y salió corriendo (ahora era mi padre el que se reía!). 

Intentó que mi madre se acercara al león explicándole que era como un perro y todo lo que le habían contado cuando él se llevó el susto, pero no consiguió convencerla y no llegó a bajarlo del coche, tal como vino se fue!

Con sorpresas así ¿quién se podía aburrir?
 
Hijitamía.

miércoles, 29 de junio de 2016

Sobre la playa

Cuando llega el verano tengo el recuerdo imborrable de mi padre en la playa.

Cada día que me giro al entrar en casa y veo su foto en la playa me acuerdo de miles de cosas.
Se la hizo mi hermano, es prácticamente toda azul con mi padre en medio, está metido en el agua hasta los hombros, guiñando el ojo derecho (no por posar sino porque le pegaba el sol en la cara) y haciendo el signo de victoria con las dos manos. Es genial. Es su última foto. Es triste.... 

Y entonces para no encasillarme en esa tristeza, me aferro a lo de siempre, a los recuerdos!

Hablando de recuerdos, hay cientos de ellos en la playa, desde excursiones en barco a verlo montar su adorada moto de agua, pasando por playas recónditas que resultaban ser nudistas y mi padre sin saberlo ( o no) llevaba a toda la familia más a la pudorosa visita, paseos con helado incluido, montar en bicis múltiples cual turista, pasarse toda la mañana cavando hoyos con mi hermano cuando tenía 2 años, etc.

Sin embargo, el recuerdo más presente es sin duda alguna el más cercano, las últimas veces que fui a la playa con mis padres.

Mi padre aparcaba donde siempre, íbamos temprano, antes de que se llenara de turistas, nos dirigíamos directamente a nuestro lugar (a la derecha de la "caseta" del vigilante). Mi madre y yo extendíamos cuidadosamente las toallas y nos sentábamos  (todavía con la ropa) y cuando mirábamos para arriba mi padre ya se estaba quitando la última manga de la camiseta y se buscaba en los bolsillos a la vez que decía "Gordita (mi madre) hazme un favor y guárdame la billetera y (buscando sin éxito) las llaves, dónde puse las llaves?" Y mi madre "Me las diste cuando cerraste el coche" " Ahh perdona eh, perdona" (poniendo voz chistosa y una mueca)
"Bueno, yo me voy al agua, ¿vienes hijita?"
"Yo iré más tarde papá,  cuando entre en calor"
"Bueno hijita, te espero en el agua pero ven y así charlamos un rato, últimamente he estado haciendo ejercicios en el agua, luego te los muestro"
"Vale, luego voy"

Y me quedaba sentada con mi madre viendo la ya conocida escena de mi padre  yéndose a bañar al mar, porque sabíamos que tanto la entrada en el agua como la salida nos harían reír!

Para empezar, iba todo decidido hacia la orilla, no se paraba cuando el agua le tocaba los pies como casi todos hacemos, parecía como si el cambio de temperatura no le afectase y luego, cuando el agua le llegaba a los tobillos, inexplicablemente se tiraba en plancha (según él  de cabeza) y aparecía (también inexplicablemente) varios metros más hacia dentro en vez de lo que nos imaginábamos todos (que se quedara encallado en la arena!)
¿Cómo lo hacía para tirarse con tan poca profundidad? Todavía nos lo preguntamos pero nos reíamos muchísimo de verlo!
Aparecía ya con el agua hasta los hombros y gritaba desde allá  "El agua está buenísima pero un poco mojada!" Y nos llamaba uno a uno y alguno caímos (su mujer, su hijito, su yerno o su hijita)



El agua tenía un efecto catártico en él,  se ponía filosófico y le gustaba hablar de muchas cosas, hasta que en mi caso, ya tenía los labios morados y tenía que salirme del agua, él se quedaba prácticamente la totalidad del tiempo que pasábamos en la playa en remojo.

Cuando ya decidía salir venía  (cómo  no) con agua para mojarnos a los que estábamos en las toallas y entonces venía el "secado". Siempre se iba a las duchas, no sé por qué se secaba tanto antes...El caso es que se secaba como si estuviera en casa (sólo le faltaba un murito para subir la pierna!) Y cuando acababa se envolvía la toalla (por encima del ombligo y bien tensa cual pareo masculino hawaiano tradicional) luego se peinaba con las manos y nosotros al verlo cual chorizo (hawaiano) embutido en la toalla intentábamos sutilmente que se sentase, sin embargo él se quedaba de pie, la verdad es que creemos que fue el primero en promocionar los pareos masculinos (claro que el suyo con toalla) para suerte de su familia burlona!

Misteriosamente los días en que se ponía la toalla-pareo todavía más arriba todos nosotros caminábamos sospechosamente rápido y él nos decía "Esperadme, ¿por qué vais tan rápido?" y nosotros "¡Es que la arena quema!"

Y ya no es triste.. 

Hijitamía.





domingo, 29 de mayo de 2016

Sobre los recuerdos "de coche"

Una de las virtudes de mi padre fue la de ser un conductor excelente que disfrutaba al máximo conduciendo. Eso hizo que mis padres se apuntaran a todo tipo de planes aunque fueran lejos o a viajar con el coche, etc..
Son muchos los recuerdos que tengo de mi padre en el coche, por ejemplo:
- Su manera de pitar al salir del parking o al llegar a una esquina (para avisar a los peatones) (Aunque a veces estuvo a punto de provocarle un infarto a más de uno con el estruendo!)
- Su cara de "aparcar marcha atrás" cogiendo el cabezal del copiloto mientras con la otra mano giraba el volante con los ojos fijados en la carretera sin parpadear y mordiéndose la lengua que le salía por un lado de la boca"
- Poniendo muecas por el retrovisor o cogiéndome la pierna por sorpresa al tiempo que emitía cualquier tipo de onomatopeya para asustarme.
- El modo de arrancar apretando botones imaginarios e indicando a los tripulantes que la "Máquina Total" (un nombre muy poco pretencioso...) iba a despegar en breve.
- Antes de tener la "Máquina Total" tuvo otro coche (que se ve que no merecía nombres) en el que recuerdo ir sentada atrás agarrándome de los cabezales de mis padres y cantando canciones todo el camino (también recuerdo que llegados a un punto mi padre me decía  "ya hijita, tranquila, cállate un ratito..." (se ve que hablaba mucho...). Sin embargo, la cosa no quedaba así,  irremediablemente al callarme tardaba poco en quedarme dormida y lo único que me despertaba era el "manotear" de mi padre sobre el volante al aparcar (gracias a la falta de dirección asistida ) aunque yo me hacía la dormida y así se veía forzado a cargarme hasta casa!
- Otro vehículo imprescinsible en la familia fue "La furgo": que sin duda nos trae los mejores recuerdos:
Meterle colchones cuando iban "las niñas" atrás en un viaje largo para que pudiéramos dormir, recolectar cada una nuestra sillita y cubo (por si nos daba el mareo) cuando venían mis primas a veranear; ir con mi padre a la perrera y adoptar un perro y llevarlo atrás mientras voy sentada sobre el chasis que recubre la rueda; excursiones inolvidables;  acompañar a mi padre a trabajar, etc.
- El día que intentó enseñarme a conducir (digamos que sólo llegué  a ponerme el cinturón porque en ese punto ya estábamos discutiendo...así  q al día siguiente me apunté a una autoescuela)
- El día que mis padres me compraron mi primer coche y fui con mi padre al concesionario: yo no lo sabía y me sorprendió por el camino "tu madre y yo hemos hablado y....... y vamos de camino al concesionario! Chan chan chaaaaan!"
Coincidía que era diciembre y mi cumpleaños se acercaba y como lo que más le gustaba en esta vida a mi padre era llamar la atención y despertar toda admiración  (y chulear!) Entró diciéndole con aire distinguido al vendedor que "iba a comprarle un regalo de cumpleaños  su hijita" por supuesto al comercial le salieron símbolos del dólar en las pupilas y acabamos comprando un coche mucho más caro al que yo tenía pensado y al que tuve que esperar más de un mes porque en un arranque de euforia mi padre lo pidió "tal y como el que tienen expuesto" (los símbolos del dólar salieron otra vez en los ojos del vendedor pero esta vez a todo color!)
*este no era para nada el tipo de regalos de cumpleaños que hacíamos en casa, es más mi coche ha sido el único coche nuevo de la familia, se ve que del subidón del momento acabamos así! 
Es la historia más materialista que tengo pero la felicidad de mi padre comprando el coche para su hijita como tal "tio gilito" y mi emoción tras el discurso "tu madre y yo hemos hablado y hemos decidido comprarte un coche porque...(halago, halago y más  halagos) fue algo único!
- La manera en que mi padre me esperaba para que lo recogiera en la oficina con el coche nuevo e iba todo el camino cogiendo la agarradera...
- En los últimos viajes cuando ya no conducía venir al aeropuerto a recogerme con mi madre y decir "yo voy atrás con mi hijita"
Hijitamía