martes, 29 de marzo de 2016

Sobre la errata

En mi familia, la cabezonería es algo característico de cada uno de nosotros: tanto a nivel físico como a nivel mental, pero sin duda alguna ganaba mi padre!

Este rasgo tan definitorio, tiene como todo, sus cosas buenas y sus no tan buenas... Por ejemplo:

Cosas buenas:
Mi padre conseguía todo lo que se proponía con una receta especial de: voluntad, esfuerzo y toneladas de cabezonería. Hizo lo que le apeteció y vivió como quiso y eso fue en parte a esa virtud-defecto de la que os hablo.

Una de sus virtudes era la persuasión, aunque siempre me quedó la duda de si era por sus dotes convincentes o por su cabezonería de conseguir algo: la verdad es que debía ser una mezcla de todo pero no me extrañaría que mucha gente accediera a lo que mi padre le proponía con tan de que se callase y parara ya de insistir!

Cosas no tan buenas:
Vivir toda su vida con una cicatriz en la sien, fruto de los fórceps que ayudaron a este "bebé" a llegar al mundo! (Cuando decía lo de cabezón era en serio!)

El hecho de que tu propio abuelo que te quería con locura no fuera ajeno al hecho de que eras excesivamente cabezón y decidiera componerte una canción al respecto (este era un aspecto malo/vergonzoso para él, pero gracioso para los demás! Aunque nunca nos dijo qué decía exactamente la canción...)

O llegar al colmo de la terquedad y que se te vea el plumero!
Este episodio pasó conmigo (que como hija de mi padre no me quedo atrás en mi nivel de cabezonería, aunque lo estoy intentando superar volviéndome más flexible!)*

* Dicen que el primer paso es reconocerlo!



Estábamos hablando de un hecho en concreto durante la comida (yo conocía lo cabezón que era mi padre, por lo tanto, si decidía llevarle la contraria lo hacía a sabiendas de las consecuencias, por lo que la mayoría* de veces, optaba por darle la razón y evitar discusiones.

* Mayoría en este caso se entiende como un concepto subjetivo.

El caso es que ese día estaba tan segura de que tenía la razón, que no pude evitar oponerme a sus argumentos. Lo que sucedió a continuación fue que la cabezonería de él potenció la mía y me fui a la enciclopedia (si, de esto hace ya mucho tiempo) y efectivamente, en ella hallé la respuesta que defendía. Corrí con el tomo en la mano e hice que mi padre leyera por si mismo lo que yo llevaba rato explicando... Para sorpresa mía su reacción fue la siguiente:

Puso cara de desaprovación y dijo solemnemente "Esta enciclopedia está errada" y punto final.

Y así es como aprendí que no servía de nada intentar cambiar la opinión de mi padre, pues me quedé igual de frustrada. Dejé pasar el tiempo hasta que fui lo suficientemente mayor y la "cosa" ganó algo de perspectiva y gracia y entonces un día le recordé el episodio. Acto seguido soltó una carcajada y dijo:

"Y yo qué iba a saber hijita!! Lo que sí tenía claro es que no me iba a dejar ganar!!"
(y punto final!)


Hijitamía.

2 comentarios:

  1. Yo también padezco de este mal, aunque envidio vuestra constancia. Ese es el ingrediente para que sea una virtud.
    Echaba de menos tus publicaciones, como no las veía en face pensaba que ya no escribías, así que he entrado a buscarte. Me gusta mucho leerte ��

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias Sabri!
    Qué haría yo sin tu feedback?? Ahora ya las tienes otra vez en face! ;)
    Un besote!

    ResponderEliminar