jueves, 29 de octubre de 2015

Sobre el positivo


Hoy voy a hacer una recopilación de bailes, sintonías y demás actuaciones de mi padre asociadas a diferentes eventos de la vida:


Como ya he ido comentando y describiendo el carácter de mi padre y sus reacciones únicas a todo tipo de sucesos, no voy a aburrir repitiendo, pues a estas alturas estas ocurrencias no deberían sorprender a nadie.


-          Sintonía de intriga: Cuando alguien debía emprender una aventura, un nuevo reto, un plan divertido. Se requería cantar “El llanero solitario” en onomatopeya, al mismo tiempo que se movían las cejas arriba y abajo muy rápido:



“Birubirubí pau pau pau”



-          Sintonía de logro personal (desde arreglos del hogar a éxitos varios). Se requería cantar la canción del “Muchacho flaco” al mismo tiempo que se bailaba una especie de salsa y se cogía al primero que pasara por delante para que se uniera al baile.



“Yo soy un muchacho flaco, pero de corazón tierno… lalalalalala…”



-          Sintonía del anfitrión (tarde o temprano en cualquier reunión antes, después o en medio del repertorio de chistes aclamado por el público). Se requería poner falsete de tenor y cantar la ranchera de “El rey”



“Con dinero y sin dinero, yo hago siempre lo que quiero y mi palabra es la LEY”



-          Representación para demostrarle a mis hijos la capacidad de memorización tan impresionante que tenía su padre. Dependiendo del día se requería recitar la Canción del pirata de Espronceda o nombrar a los no sé cuántos varones apostólicos que tuvo que memorizar cuando tenía unos 10 años (¡y todavía recordaba!).



¡Así que nada de quejarse por tener que estudiar!



-          Sintonía a cantarle a los hijos cuando nombraban asuntos amorosos. Se requería poner cara de pícaro, volver a poner falsete de tenor y cantar con el mejor acento de inglés inventado posible:



“Strangers in the night….lalalalala…dubidubiduu”



-          Sintonía y baile de baile (valga la redundancia e independientemente de la música que esté sonando). Se requiere bailar una especie de “mambo” riendo y de un momento a otro gritar “MAMBO UH” y dar un salto mientras se coge el propio cuello de la camisa como si la tiraras para arriba para después decir “AHHHH UH!” y seguir bailando como si nada.


A pesar de todo este repertorio tan amplio y la cantidad de recuerdos que tengo de mi padre bailando y cantando hay uno que se me quedó grabado para siempre.


El día que se enteró de que mi madre estaba embarazada de mi hermano.


(Por supuesto yo no sabía nada, porque todavía no lo habían confirmado). 

Era verano y nos encontrábamos en el campo pasando las vacaciones. Bajé a ver qué estaba haciendo el perro, cuando me encuentro a mi padre bailando y cantando “boleros” y lo pongo entre comillas porque a pesar de estar tarareando la música correcta más que bailar boleros parecía Homer Simpson en el país de caramelo. Yo no tenía ni idea de lo que pasaba, pero en todo caso, debía de ser bueno si mi padre estaba bailando y cantando, así que en seguida que me vio me dijo que me uniera al baile (por supuesto me puse a saltar cual Heidi en la pradera a la par que cantábamos “titiruriruri tiruriruri”), fue genial, aunque cuando me enteré del porqué del baile fue todavía mejor.




En mi caso, cuando recuerdo a mi padre, no sólo recuerdo o hipotetizo lo que me diría, sino que también emparejo las situaciones con sintonías varias. Hoy, por ejemplo, tenía que ir a un sitio que suponía mucha expectación y nervios (intriga al fin y al cabo) y me encontré a mi misma diciéndome “allá vamos, birubirubí pau pau pau”, siempre me da ánimos y sobre todo ganas de reír. 


Otras veces me ayuda a combatir la nostalgia de saber que no voy a poder compartir con él, que se va a perder esto, porque entonces me acuerdo del baile que le dedicó al positivo de mi madre y me pongo a hipotetizar qué baile le hubiera dedicado a mi positivo hace poco más de tres meses y me dan ganas de reír de nuevo.





  -Papá, vas a ser abuelo: birubirubí pau pau pau-

Hijitamía.

martes, 29 de septiembre de 2015

Sobre la reacción inmediata

Como ya he comentado antes, el afán protector de mi padre iba más allá del límite temporal. Se desesperaba tanto de ver que su hijita tenía algún tipo de dificultad, que ideaba todo tipo de soluciones inmediatas. Aunque en la gran mayoría efectivas, nunca hubo tiempo de calcular los posibles efectos adversos. Aquí van tres ejemplos:



Una cuestión de piojos:

Una noche del verano del noventa y poco, empecé a notar algo raro en mi cabeza, me picaba y notaba como bultos por todo. Traté de no prestarle mucha atención, pero en poco tiempo me desesperé. Mi padre me revisó la cabeza y de repente vio algo extraño, yo entré en pánico y por contagio él también. Como digo, mi padre no toleraba ver que no podía solucionar todo, así que en cuestión de segundos me hizo salir de la casa y poner la cabeza hacia abajo, noté que usaba un spray mientras decía “¡uno!” y cogía algo de mi pelo, “¡otro!” y así repetidamente hasta que dijo “¡listo!”
Y esta es la historia de la exterminación de piojos más rápida del mundo llevada a cabo por mi padre con la ayuda de sus manos y un bote de matamoscas (o “fli”).

Una cuestión de puntos:

Esta vez se trata de un día del verano del noventa y poco, cuando inesperadamente me caí de la bici y me abrí la barbilla. Tuve que ir de urgencias y me pusieron 6 puntos. Tal fue mi trauma que me negué a volver para que me quitaran los puntos. Así que cuando mi padre vio que estaba tan asustada volvió a tomar una decisión exprés de las suyas. Me dijo, “espera un momento hijita” y se fue a otra habitación. Al cabo de un rato me llamó, se había sentado en una mesita y tenía un vaso de alcohol, y su famosa y adorada navaja suiza. Sacó de la navaja unas pinzas y desplegó las tijeritas, sumergió todo en alcohol y me quitó los puntos uno por uno mientras se felicitaba a sí mismo por el buen trabajo de cirujano que estaba haciendo. Yo mientras tanto, a pesar de estar aliviada de no tener que ver al “monstruo” que me cosió (sin anestesia) pasaba pena de que a mi padre le fallaran los cálculos. No fue así afortunadamente y otra solución veloz que salió bien.

Una cuestión de vista:

Cuando llevas gafas desde los dos años permanentemente, la opción de que te pongan lentillas es casi como un sueño. Mi sueño se hizo realidad a los 12 años. ¡Por fin llegó el día en que iría por primera vez al cole sin gafas! no me lo podía creer. Sin embargo, la felicidad no duró tanto, ya que me pasé más de media hora en el baño y no fui capaz de ponerme las lentillas: se me cerraban los ojos, se me caían las lentillas, se me doblaban, se me quedaban pegadas en el dedo…en fin…un drama… Me fui al cole sin gafas, pero sólo porque necesitaba secarme las lágrimas de los ojos por el camino (no porque llevara mis lentillas). Mi padre al ver mi frustración decidió tomar cartas en el asunto y se le ocurrió que nos levantaríamos los dos media hora antes de lo previsto para tener más “margen de maniobra”, porque Él iba a lograr que me fuera con las lentillas puestas. El plan fue así: yo me tumbaba boca arriba aguantándome los párpados para evitar que se cerraran por reflejo y mi padre cogía las lentillas con sus dedos rechonchos y las “tiraba” sobre mis ojos como quien pone gotas contra la conjuntivitis…

Y así, aunque parezca mentira, es como logré llevar lentillas por primera vez. 

Así era mi padre: creativo y de decisión rápida. No puedo decir que no me sienta identificada. Sin embargo, mi naturaleza reflexiva no me dejaría tomar según qué decisiones por miedo a que las cosas no salieran como se espera… (o quizás es que digo esto porque no tengo hijos y realmente así son los padres, con tal de solucionar cualquier malestar a sus hijos…)

De hecho, ahora que lo pienso, me vienen más recuerdos de otros padres añorados que reaccionaban de forma tan inmediata como el mío. En especial recuerdo al padre de mi amiga M. que después de ver nuestra preocupación porque la enciclopedia no nos daba la información necesaria, se pasó toda una tarde llamando varias veces al servicio de información (no había internet) con tal de ayudarnos a hacer un proyecto del colegio. Nos explicó que podíamos llamar y preguntar, pero ninguna accedió, así que no tuvo más remedio que seguir llamando a cada duda que surgía… ¡Fue nuestro héroe!

-Papá, espero algún día ser tan empática, veloz y recursiva como tú, ¡mil gracias por tu ayuda!-
(Eso sí, lo del fli me parece que no lo repetiría...)

Hijitamía.

sábado, 29 de agosto de 2015

Sobre Daniel Rabinovich

 Un día estaba en casa, cuando de repente, un amigo me llama y dice: "Estaba viendo un grupo cómico y hay un hombre que es idéntico a tu padre, corre, búscalo,  se llaman Les Luthiers!"

Y eso hice. 

Tal fue mi impresión al ver a Rabinovich, que llamé a mis padres: "Papá, mamá!  Tenéis que ver esto!"
 
Yo pensaba que los iba a sorprender, pero cuando vieron a Daniel en seguida dijeron al unísono: "ahhhhh"

Y yo: "¿Ya lo sabíais?"

Y me contaron que hace unos 30 años, cuando mis padres se acababan de mudar de ciudad, unos primos de mi padre fueron a Madrid a ver el show de Les Luthiers y cuando volvieron daban por hecho que el que habían visto en el escenario era el primo que acababan de conocer. Mi padre les explicó que no era él, pero ellos seguían insistiendo. Pues no sólo era el tremendo parecido físico, sino el carácter carismático y humorístico de mi padre el que cuadraba con los hechos.
 
En fin, no sé si fue una decepción para ellos, pero tuvieron q aceptar que su descubrimiento quedó en una mera anécdota! 

El caso es que hace unos días Rabinovich falleció y no pude evitar imaginar cómo sería si se encontraran en el más allá...

Papá: "Hombre Daniel, estaba esperando a una persona como tú para animar esto!
 
¿Qué te parece si montamos un dúo cómico?
 
En estos 21 meses he tenido tiempo hasta de pensar en  nombre!
 
¡Montemos el dúo VERNÁCULO!

¡¡¡YO SOY VERNA!!!"








 *Aquí está el enlace si alguien quiere conocer al magnífico cómico "doble de mi padre"


Hijitamía.


miércoles, 29 de julio de 2015

Sobre el pasárselo bien

El próximo martes mi padre hubiera cumplido 63 años.

Ahora me parece tan joven...

Hace unos años,  63 me hubiera parecido la ancianidad...(claro que recuerdo que cuando mi padre cumplió 50 también me lo pareció) y más aún cuando celebró sus épicos 40. A ojos de una niñita de 8 años,  parecía raro que nadie le hubiera regalado un bastón...

Nada más lejos de la realidad. ..
 
Ahora veo las fotos y video (sí...video...) de aquella fiesta y sólo puedo pensar que fue un ¡muchacho con suerte!
 
No creo ir muy desencaminada al pensar que los asistentes de aquel día de agosto debieron irse a casa pensando "¡Esta ha sido la mejor fiesta en la que he estado!"
 
En resumen: Fiesta vaquera en la que en la invitación se requería vestuario cowboy y muchas ganas de pasárselo bien, buffet, DJ, bebida, caballos, piscina, bailes en corro, chistes, un centenar de familiares y amigos, verano y 1992.
 
Los recuerdos de lo vivido son escasos pero geniales:
 
- Mi abuelo con el micrófono cantando a todo pulmón el cumpleaños feliz en su particular versión "Sapo verde eres tú" y mi padre cogiéndolo en brazos como si fuera un bebé mientras todos aplaudían.
- Un regalo envuelto en una sandía (un cubo perfectamente cortado salió del centro de la sandía conteniendo un reloj).
- Bailar "Un rayo de sol" en la "pista" con todos los amigos y familiares cogiéndonos de las manos.
- Reírme con mis primas I&L que llevaban el mismo atuendo cowboy que yo.
-Ver a mi padre estrenar un regalo (y no fue el reloj) bailando con un delantal del que colgaba una palanquita que al apretar hacía que se levantara y se vieran partes nobles de tela y la gente se desternillaba...

(Y ya no recuerdo más,  porque en cuanto mi padre nos vio a mis primas y a mi queriendo usar el famoso delantal decidió que ya era hora de que la fiesta se volviera al menos para mayores de 10 años y nos mandaron a dormir...)

Sin embargo, gracias al video pude descubrir otras cosas de la velada y sé que la fiesta acabó con mi padre y un primo remando una lancha que habían metido a la piscina, cantando canciones y contando chistes.



Este martes será muy diferente,  pero al menos sé que esté donde esté podrá volver a remar la barca junto a su primo y su padre podrá volverle a cantar Sapo verde.
 
Feliz cumpleaños papá.

Hijitamía.

lunes, 29 de junio de 2015

Sobre los andares

El otro día iba por la calle de vuelta a casa, totalmente absorta en mi música y en el hambre que tenia, de repente me di cuenta de que el señor que tenía delante caminaba de una forma que se me hacía familiar: no levantaba mucho los pies y las palmas de las manos apuntaban hacia atrás con la mano completamente abierta. Se trataba sin duda de un andar típicamente gorilense que, como ya he comentado antes, era el sello característico de mi padre.

Este recuerdo no pudo evitar evocar todas las veces que yendo juntos por la calle mi padre se ponía a imitar "andares y cojeras chistosas" y la verdad es que tenía un buen repertorio:

(se requiere una buena imaginación y sentido del humor para comprender los siguientes movimientos) 

- El detective : Había que caminar dejando un pie atrás y pisando de nuevo para luego avanzar, era la técnica "dejando la huella".

- El avaricioso: Se daba un paso y luego con una de las dos piernas se hacia un círculo por delante mientras se decía "to'pa'mi".


- El justo: Con el círculo hacia afuera y diciendo" si algo te debo con esto te pago".


- El lord inglés: Andar sincronizado con paraguas, levantando el paraguas a 90 grados y luego tocando el suelo mientras se habla inglés inventado. 

Sin duda mi favorito era el del detective, que a menudo le pedía a mi padre que representara. Era una de esas cosas que no perdían la gracia a pesar de haberlas visto incontables veces y a pesar de que el protagonista fuera alguien tan "poco novedoso" como tu padre. Me hacía casi tanta gracia como el chiste de "Hay Menen" que contaré otro día.

El hombre que iba delante mío se paró en un paso de cebra y al verle la cara volví a la realidad en un instante y vi que no tenía nada que ver con mi padre, al fin y al cabo él era único y el molde se rompió cuando él nació.


Hijitamía.