(Voy a usar el contexto médico,
para dar un par de ejemplos, porque considero que son situaciones completamente
opuestas a suscitar buen humor/alegría y que representan muy bien la esencia
del carácter de mi padre.)
- En una operación importante que tuvo hace unos años, cuando vinieron a buscarlo para ir a quirófano, se subió a la camilla muy serio. En ese momento, mi madre, mi hermano y yo teníamos el corazón en un puño. Sin embargo, mi padre sin dudarlo se giró antes de que la camilla girara al salir de la habitación y dijo “oiga señor, que se le ha olvidado poner el intermitente a la camilla” y todos estallamos a reír.
- En su primera sesión de quimioterapia, aparte de acompañado de su familia, fue acompañado de su cuaderno de chistes, el cual usó como guión para entretener a pacientes y enfermeras, que no ocultaron su asombro al ver semejante actitud.
- La última vez que ingresó en el hospital, le tocó de compañero un señor maravilloso que compartía su sentido del humor. Resulta que la primera noche mi padre contó tantos chistes y se rieron tanto, que la enfermera de guardia tuvo que regañarlos como si fueran dos muchachos en un campamento de verano. (Poco más de una semana después, mi padre falleció)
Para nosotros, su familia, este
comportamiento era natural, ya que sabíamos que él enfrentaba todo con bromas (tanto
lo bueno como lo malo). Sin embargo, nunca dejamos de sorprendernos, y ahora al recordarlo, todavía me parece
impresionante y me pregunto si podré sacarle tanto partido al buen humor como
hacía él, desde luego ejemplos para usar como referencia no me faltan.
Hijitamía.

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