domingo, 29 de junio de 2014

Sobre cómo controlar el pánico y acabar disfrutando

Cualquier persona que me haya conocido de pequeña tendrá el recuerdo de que era una miedosa empedernida.

Uno de mis miedos eran las atracciones de feria (particularmente montañas rusas) pero yo quería disfrutar, quería pasármelo bien y no quería ser la única miedosa.

Mi padre se ofreció a montarse conmigo, y me prometió que me agarraría. Sin embargo, por mucho que me agarrara yo en la primera bajada sentí el estómago rebotándome contra la garganta y el pánico se apoderó de mí. Mi padre, (que ya veía que iba a tener que pedirle al buen hombre que accionaba la atracción que hiciera una parada de emergencia), decidió intentarlo una vez más y me dijo que tenía que cerrar los ojos y gritar con todas mis fuerzas y que ya vería como disfrutaba, que él también lo haría y nos reiríamos juntos.

Y así fue, en la segunda bajada grité con todas mis fuerzas pero por encima de mi voz oí gritar a mi padre de una forma graciosísima porque por el movimiento se le rompía la voz, cosa que hizo que me riera a carcajadas y al abrir los ojos también lo vi reír a él.

Ese día nos montamos varias veces más, y desde entonces me encantan las montañas rusas.





Hijitamía.

4 comentarios:

  1. Me aterran las atracciones por pequeñas que sean, siempre pienso que sufriré un infarto. Pero la próxima vez que vaya a un parque de atracciones recordaré tus palabras y seguiré el consejo de tu padre. (Pero empezaré por la pequeñita vale?��)

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  2. ;) me alegro que te sirvan de inspiración! todo es proponérselo!

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  3. Me encanta esta historia. Lo que un blog positivo tan lleno de calidez y amor.

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