Uno de mis miedos eran las atracciones de feria (particularmente montañas rusas) pero yo quería disfrutar, quería pasármelo bien y no quería ser la única miedosa.
Mi padre se ofreció a montarse conmigo, y me prometió que me agarraría. Sin embargo, por mucho que me agarrara yo en la primera bajada sentí el estómago rebotándome contra la garganta y el pánico se apoderó de mí. Mi padre, (que ya veía que iba a tener que pedirle al buen hombre que accionaba la atracción que hiciera una parada de emergencia), decidió intentarlo una vez más y me dijo que tenía que cerrar los ojos y gritar con todas mis fuerzas y que ya vería como disfrutaba, que él también lo haría y nos reiríamos juntos.
Y así fue, en la segunda bajada grité con todas mis fuerzas pero por encima de mi voz oí gritar a mi padre de una forma graciosísima porque por el movimiento se le rompía la voz, cosa que hizo que me riera a carcajadas y al abrir los ojos también lo vi reír a él.
Ese día nos montamos varias veces más, y desde entonces me encantan las montañas rusas.
Hijitamía.

Me aterran las atracciones por pequeñas que sean, siempre pienso que sufriré un infarto. Pero la próxima vez que vaya a un parque de atracciones recordaré tus palabras y seguiré el consejo de tu padre. (Pero empezaré por la pequeñita vale?��)
ResponderEliminar;) me alegro que te sirvan de inspiración! todo es proponérselo!
ResponderEliminarMe encanta esta historia. Lo que un blog positivo tan lleno de calidez y amor.
ResponderEliminarMuchas gracias A kennyg! :)
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