Un recuerdo recurrente en relación a este tema es la
reflexión que me hizo mi padre un día cuando era pequeña y no podía dormir. Me
hizo pensar en la suerte que tenía de tener una cama y una almohada tan cómoda,
me dijo que el placer de poner la cabeza sobre una almohada fresquita y blanda
era algo que no se podía desaprovechar y que tenía que dormir y disfrutarlo y
ya no recuerdo nada más porque me dormí.
Muchos años después, estando mi padre enfermo en el hospital,
hubo muchas noches sin poder dormir bien, pero una en cuestión en la que
parecía que no habría ni media horita de sueño. De repente se me vino a la
mente todo lo anterior y le repetí exactamente sus palabras, (la clave es
aislar lo positivo por pequeño que sea y agarrarnos a ello para poder
disfrutarlo) aunque estuviéramos en el hospital tenía una cama y una almohada
cómoda y tocaba dormir y así fue.
Desde entonces intento no consultarle nada a la almohada,
simplemente le agradezco el hecho de estar allí y duermo, ya mañana será otro
día.
Hijitamía.

No hay comentarios:
Publicar un comentario