Mi último viaje a casa (antes de
que mi padre ingresara en el hospital) pasé mucho tiempo de calidad con él, y
me impresionó un poco las veces que recordaba hechos del pasado, de cuando yo
era pequeña y pasar el rato con mi padre era el mejor plan que una niñita podía
desear.
Se me quedaba mirando y de
repente soltaba (con su mejor imitación de voz de su hijita de tres años)
“¿vamos a ver los patitos papá?”; “en este bosque no hay lobos, ¿verdad papá?”
a mí me encantaba, pero al mismo tiempo me preguntaba por qué recordaba
precisamente eso.
Eran particularmente dos días;
uno en el que me llevó a una visita de trabajo y de paso nos paramos en un lago
a ver los patos, disfruté tanto, que casi cada día le pedía que me llevara a
ver los patitos. Otro día que recordaba era uno en el que habíamos recogido a
una amiga de mi prima e íbamos en el coche, mi prima, su amiga y yo, por
causas fisiológicas mi padre se vio obligado a hacer un “pipí-stop” en la carretera
en una zona de bosque, salimos las tres del coche y al cabo de 10 segundos mi
padre me recuerda volviendo y preguntando “papá, en este bosque no hay lobos,
¿verdad?” a lo que él respondió con una carcajada y me dijo que no me
preocupara y que me acompañaría.
Yo me encuentro ahora haciendo lo
mismo y volviendo al pasado diariamente para acordarme de mis momentos de
pequeñita con el papá, sobre todo se me repiten dos recuerdos: jugando al
“baño”: sentándome de lado en su regazo
como si fuera el “váter” y su mano la cisterna y al “soltar el agua” mi padre
abrir las piernas y yo morirme de la risa al quedar colgando (aunque cuando la
“cisterna” no “funcionaba” y él la arreglaba “poniendo tornillos” que era
hacerme cosquillas, no sé si me gustaba más).
Otra cosa que visualizo a menudo
es tener pintado un reloj a boli en la muñeca y sentirme orgullosísima de él,
porque “funcionaba”. Mi padre me pintaba día sí y día también un reloj en la
muñeca y me decía que me lo pusiera al lado de la oreja para comprobar que
funcionaba, y siempre que él me lo decía oía un tic-tac perfecto que me
fascinaba. (Luego descubrí que lo hacía chasqueando las uñas una por debajo de
la otra de los dedos pulgar y corazón).
Cuando pienso en estas cosas se
me vienen recuerdos de mi hermano de pequeño, con casco de constructor clavando
puntillas en un tablón de madera con un mini martillo con mi padre, recuerdo a
mi padre señalarle cada tractor con pala que veía por la calle, recuerdo cómo
mi hermano veía fotos de mi padre de pequeño y decía que era él, pero uno de
los recuerdos más graciosos es cuando mi hermano (de unos tres años también) al
ver a “Papá Noel” el 24 de diciembre con su saco de regalos, con su barriga, su
barba, su “Ho Ho Ho” se le acerca y le dice “papá se te ha olvidado quitarte
las gafas”, y podría seguir con recuerdo tras recuerdo, y entonces ya no me
pregunto por qué mi padre recordaba estas cosas.
Hijitamía.

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