miércoles, 29 de octubre de 2014

Sobre volver al pasado

Mi último viaje a casa (antes de que mi padre ingresara en el hospital) pasé mucho tiempo de calidad con él, y me impresionó un poco las veces que recordaba hechos del pasado, de cuando yo era pequeña y pasar el rato con mi padre era el mejor plan que una niñita podía desear.

Se me quedaba mirando y de repente soltaba (con su mejor imitación de voz de su hijita de tres años) “¿vamos a ver los patitos papá?”; “en este bosque no hay lobos, ¿verdad papá?” a mí me encantaba, pero al mismo tiempo me preguntaba por qué recordaba precisamente eso.

Eran particularmente dos días; uno en el que me llevó a una visita de trabajo y de paso nos paramos en un lago a ver los patos, disfruté tanto, que casi cada día le pedía que me llevara a ver los patitos. Otro día que recordaba era uno en el que habíamos recogido a una amiga de mi prima e íbamos en el coche, mi prima, su amiga y yo, por causas fisiológicas mi padre se vio obligado a hacer un “pipí-stop” en la carretera en una zona de bosque, salimos las tres del coche y al cabo de 10 segundos mi padre me recuerda volviendo y preguntando “papá, en este bosque no hay lobos, ¿verdad?” a lo que él respondió con una carcajada y me dijo que no me preocupara y que me acompañaría.



Yo me encuentro ahora haciendo lo mismo y volviendo al pasado diariamente para acordarme de mis momentos de pequeñita con el papá, sobre todo se me repiten dos recuerdos: jugando al “baño”: sentándome de lado  en su regazo como si fuera el “váter” y su mano la cisterna y al “soltar el agua” mi padre abrir las piernas y yo morirme de la risa al quedar colgando (aunque cuando la “cisterna” no “funcionaba” y él la arreglaba “poniendo tornillos” que era hacerme cosquillas, no sé si me gustaba más).

Otra cosa que visualizo a menudo es tener pintado un reloj a boli en la muñeca y sentirme orgullosísima de él, porque “funcionaba”. Mi padre me pintaba día sí y día también un reloj en la muñeca y me decía que me lo pusiera al lado de la oreja para comprobar que funcionaba, y siempre que él me lo decía oía un tic-tac perfecto que me fascinaba. (Luego descubrí que lo hacía chasqueando las uñas una por debajo de la otra de los dedos pulgar y corazón).

Cuando pienso en estas cosas se me vienen recuerdos de mi hermano de pequeño, con casco de constructor clavando puntillas en un tablón de madera con un mini martillo con mi padre, recuerdo a mi padre señalarle cada tractor con pala que veía por la calle, recuerdo cómo mi hermano veía fotos de mi padre de pequeño y decía que era él, pero uno de los recuerdos más graciosos es cuando mi hermano (de unos tres años también) al ver a “Papá Noel” el 24 de diciembre con su saco de regalos, con su barriga, su barba, su “Ho Ho Ho” se le acerca y le dice “papá se te ha olvidado quitarte las gafas”, y podría seguir con recuerdo tras recuerdo, y entonces ya no me pregunto por qué mi padre recordaba estas cosas.


Hijitamía.

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