miércoles, 29 de junio de 2016

Sobre la playa

Cuando llega el verano tengo el recuerdo imborrable de mi padre en la playa.

Cada día que me giro al entrar en casa y veo su foto en la playa me acuerdo de miles de cosas.
Se la hizo mi hermano, es prácticamente toda azul con mi padre en medio, está metido en el agua hasta los hombros, guiñando el ojo derecho (no por posar sino porque le pegaba el sol en la cara) y haciendo el signo de victoria con las dos manos. Es genial. Es su última foto. Es triste.... 

Y entonces para no encasillarme en esa tristeza, me aferro a lo de siempre, a los recuerdos!

Hablando de recuerdos, hay cientos de ellos en la playa, desde excursiones en barco a verlo montar su adorada moto de agua, pasando por playas recónditas que resultaban ser nudistas y mi padre sin saberlo ( o no) llevaba a toda la familia más a la pudorosa visita, paseos con helado incluido, montar en bicis múltiples cual turista, pasarse toda la mañana cavando hoyos con mi hermano cuando tenía 2 años, etc.

Sin embargo, el recuerdo más presente es sin duda alguna el más cercano, las últimas veces que fui a la playa con mis padres.

Mi padre aparcaba donde siempre, íbamos temprano, antes de que se llenara de turistas, nos dirigíamos directamente a nuestro lugar (a la derecha de la "caseta" del vigilante). Mi madre y yo extendíamos cuidadosamente las toallas y nos sentábamos  (todavía con la ropa) y cuando mirábamos para arriba mi padre ya se estaba quitando la última manga de la camiseta y se buscaba en los bolsillos a la vez que decía "Gordita (mi madre) hazme un favor y guárdame la billetera y (buscando sin éxito) las llaves, dónde puse las llaves?" Y mi madre "Me las diste cuando cerraste el coche" " Ahh perdona eh, perdona" (poniendo voz chistosa y una mueca)
"Bueno, yo me voy al agua, ¿vienes hijita?"
"Yo iré más tarde papá,  cuando entre en calor"
"Bueno hijita, te espero en el agua pero ven y así charlamos un rato, últimamente he estado haciendo ejercicios en el agua, luego te los muestro"
"Vale, luego voy"

Y me quedaba sentada con mi madre viendo la ya conocida escena de mi padre  yéndose a bañar al mar, porque sabíamos que tanto la entrada en el agua como la salida nos harían reír!

Para empezar, iba todo decidido hacia la orilla, no se paraba cuando el agua le tocaba los pies como casi todos hacemos, parecía como si el cambio de temperatura no le afectase y luego, cuando el agua le llegaba a los tobillos, inexplicablemente se tiraba en plancha (según él  de cabeza) y aparecía (también inexplicablemente) varios metros más hacia dentro en vez de lo que nos imaginábamos todos (que se quedara encallado en la arena!)
¿Cómo lo hacía para tirarse con tan poca profundidad? Todavía nos lo preguntamos pero nos reíamos muchísimo de verlo!
Aparecía ya con el agua hasta los hombros y gritaba desde allá  "El agua está buenísima pero un poco mojada!" Y nos llamaba uno a uno y alguno caímos (su mujer, su hijito, su yerno o su hijita)



El agua tenía un efecto catártico en él,  se ponía filosófico y le gustaba hablar de muchas cosas, hasta que en mi caso, ya tenía los labios morados y tenía que salirme del agua, él se quedaba prácticamente la totalidad del tiempo que pasábamos en la playa en remojo.

Cuando ya decidía salir venía  (cómo  no) con agua para mojarnos a los que estábamos en las toallas y entonces venía el "secado". Siempre se iba a las duchas, no sé por qué se secaba tanto antes...El caso es que se secaba como si estuviera en casa (sólo le faltaba un murito para subir la pierna!) Y cuando acababa se envolvía la toalla (por encima del ombligo y bien tensa cual pareo masculino hawaiano tradicional) luego se peinaba con las manos y nosotros al verlo cual chorizo (hawaiano) embutido en la toalla intentábamos sutilmente que se sentase, sin embargo él se quedaba de pie, la verdad es que creemos que fue el primero en promocionar los pareos masculinos (claro que el suyo con toalla) para suerte de su familia burlona!

Misteriosamente los días en que se ponía la toalla-pareo todavía más arriba todos nosotros caminábamos sospechosamente rápido y él nos decía "Esperadme, ¿por qué vais tan rápido?" y nosotros "¡Es que la arena quema!"

Y ya no es triste.. 

Hijitamía.





domingo, 29 de mayo de 2016

Sobre los recuerdos "de coche"

Una de las virtudes de mi padre fue la de ser un conductor excelente que disfrutaba al máximo conduciendo. Eso hizo que mis padres se apuntaran a todo tipo de planes aunque fueran lejos o a viajar con el coche, etc..
Son muchos los recuerdos que tengo de mi padre en el coche, por ejemplo:
- Su manera de pitar al salir del parking o al llegar a una esquina (para avisar a los peatones) (Aunque a veces estuvo a punto de provocarle un infarto a más de uno con el estruendo!)
- Su cara de "aparcar marcha atrás" cogiendo el cabezal del copiloto mientras con la otra mano giraba el volante con los ojos fijados en la carretera sin parpadear y mordiéndose la lengua que le salía por un lado de la boca"
- Poniendo muecas por el retrovisor o cogiéndome la pierna por sorpresa al tiempo que emitía cualquier tipo de onomatopeya para asustarme.
- El modo de arrancar apretando botones imaginarios e indicando a los tripulantes que la "Máquina Total" (un nombre muy poco pretencioso...) iba a despegar en breve.
- Antes de tener la "Máquina Total" tuvo otro coche (que se ve que no merecía nombres) en el que recuerdo ir sentada atrás agarrándome de los cabezales de mis padres y cantando canciones todo el camino (también recuerdo que llegados a un punto mi padre me decía  "ya hijita, tranquila, cállate un ratito..." (se ve que hablaba mucho...). Sin embargo, la cosa no quedaba así,  irremediablemente al callarme tardaba poco en quedarme dormida y lo único que me despertaba era el "manotear" de mi padre sobre el volante al aparcar (gracias a la falta de dirección asistida ) aunque yo me hacía la dormida y así se veía forzado a cargarme hasta casa!
- Otro vehículo imprescinsible en la familia fue "La furgo": que sin duda nos trae los mejores recuerdos:
Meterle colchones cuando iban "las niñas" atrás en un viaje largo para que pudiéramos dormir, recolectar cada una nuestra sillita y cubo (por si nos daba el mareo) cuando venían mis primas a veranear; ir con mi padre a la perrera y adoptar un perro y llevarlo atrás mientras voy sentada sobre el chasis que recubre la rueda; excursiones inolvidables;  acompañar a mi padre a trabajar, etc.
- El día que intentó enseñarme a conducir (digamos que sólo llegué  a ponerme el cinturón porque en ese punto ya estábamos discutiendo...así  q al día siguiente me apunté a una autoescuela)
- El día que mis padres me compraron mi primer coche y fui con mi padre al concesionario: yo no lo sabía y me sorprendió por el camino "tu madre y yo hemos hablado y....... y vamos de camino al concesionario! Chan chan chaaaaan!"
Coincidía que era diciembre y mi cumpleaños se acercaba y como lo que más le gustaba en esta vida a mi padre era llamar la atención y despertar toda admiración  (y chulear!) Entró diciéndole con aire distinguido al vendedor que "iba a comprarle un regalo de cumpleaños  su hijita" por supuesto al comercial le salieron símbolos del dólar en las pupilas y acabamos comprando un coche mucho más caro al que yo tenía pensado y al que tuve que esperar más de un mes porque en un arranque de euforia mi padre lo pidió "tal y como el que tienen expuesto" (los símbolos del dólar salieron otra vez en los ojos del vendedor pero esta vez a todo color!)
*este no era para nada el tipo de regalos de cumpleaños que hacíamos en casa, es más mi coche ha sido el único coche nuevo de la familia, se ve que del subidón del momento acabamos así! 
Es la historia más materialista que tengo pero la felicidad de mi padre comprando el coche para su hijita como tal "tio gilito" y mi emoción tras el discurso "tu madre y yo hemos hablado y hemos decidido comprarte un coche porque...(halago, halago y más  halagos) fue algo único!
- La manera en que mi padre me esperaba para que lo recogiera en la oficina con el coche nuevo e iba todo el camino cogiendo la agarradera...
- En los últimos viajes cuando ya no conducía venir al aeropuerto a recogerme con mi madre y decir "yo voy atrás con mi hijita"
Hijitamía

viernes, 29 de abril de 2016

Sobre el cambio de opinión

Desde siempre recuerdo ir a la compra con mi madre y luego mi madre, mi hermano y yo, pero nunca mi padre.

A la pregunta: "Papá, ¿pq no vienes a la compra?" Respondía  "No me gustan
 esos sitios llenos de gente, hijita, yo mejor me quedo cuidando la casa"

El caso es que, con la vejez o no sé  con qué, las tornas se cambiaron y era mi padre el que le preguntaba a mi madre qué hacía falta para la casa...

No sé  por qué  lo preguntaba, porque acababa con de todo menos con la lista (o en todo caso muy limitada). Eso sí,  había  cosas que nunca fallaban: traía un cargamento de papel higiénico "es que estaba de oferta"  y una bolsa llena de conservas de pescado: berberechos, navajas, sardinas, calamares, etc, etc y sus adorados mejillones!

"¿Nunca os he contado cuál es el bocadillo más delicioso que me he comido? Cuando estaba interno en el colegio, nos íbamos un grupo de amigos cada mañana y nos comprábamos una barra de pan y una lata de mejillones y nos hacíamos el bocata que comíamos sentados en la acera..Mmm era 'delisioso'"

En fin, a lo que íbamos, no sólo se aparecía con 1 de cada 4 cosas de la lista y sus caprichitos, sino que se iba de "tour" por todos los grandes almacenes y nos traía "regalitos chungui-gangas" que la mayoría de veces ninguno necesitábamos, o que se rompían tras el primer uso,  pero  que igualmente nos encantaban, en parte, porque mi padre nunca fue una persona detallista y ver que se acordaba de nosotros y nos compraba cosas como  el "roto-styler" (que obviamebte vino roto), un paquete de bridas o unos calcetines era inédito.

(Cuando era pequeña, mi padre viajaba constantemente por trabajo y siempre me traía el mismo regalo: la toallita mojada de cortesía que daban en el avión  y a veces la bolsita de cacahuetes o la chocolatina... eso sí,  siempre me anunciaba la entrega del "regalo" como algo super especial)

Así  es como descubrimos qué pasaba con los catálogos de grandes supermercados que llegaban al buzón.

Resulta que nadie los tiraba, sino que más bien mi padre los recopilaba, los estudiaba y cuando aparentaba "ir a la compra" se iba en busca de sus tesoros en oferta!

Creo sinceramente que cuando el Lidl sacó su "semana de la herramienta" esta se convirtió  en una de las más felices de mi padre!

Ahora no puedo evitar mirar también los catálogos de supermercado y pensar en qué  regalitos le compraría yo a  él!

Aunque ninguno se asemejaría al que le tenía preparado para este lunes 25 de abril, algo que no viene ni en los mejores catálogos, su primer nieto.

Hijitamía.

martes, 29 de marzo de 2016

Sobre la errata

En mi familia, la cabezonería es algo característico de cada uno de nosotros: tanto a nivel físico como a nivel mental, pero sin duda alguna ganaba mi padre!

Este rasgo tan definitorio, tiene como todo, sus cosas buenas y sus no tan buenas... Por ejemplo:

Cosas buenas:
Mi padre conseguía todo lo que se proponía con una receta especial de: voluntad, esfuerzo y toneladas de cabezonería. Hizo lo que le apeteció y vivió como quiso y eso fue en parte a esa virtud-defecto de la que os hablo.

Una de sus virtudes era la persuasión, aunque siempre me quedó la duda de si era por sus dotes convincentes o por su cabezonería de conseguir algo: la verdad es que debía ser una mezcla de todo pero no me extrañaría que mucha gente accediera a lo que mi padre le proponía con tan de que se callase y parara ya de insistir!

Cosas no tan buenas:
Vivir toda su vida con una cicatriz en la sien, fruto de los fórceps que ayudaron a este "bebé" a llegar al mundo! (Cuando decía lo de cabezón era en serio!)

El hecho de que tu propio abuelo que te quería con locura no fuera ajeno al hecho de que eras excesivamente cabezón y decidiera componerte una canción al respecto (este era un aspecto malo/vergonzoso para él, pero gracioso para los demás! Aunque nunca nos dijo qué decía exactamente la canción...)

O llegar al colmo de la terquedad y que se te vea el plumero!
Este episodio pasó conmigo (que como hija de mi padre no me quedo atrás en mi nivel de cabezonería, aunque lo estoy intentando superar volviéndome más flexible!)*

* Dicen que el primer paso es reconocerlo!



Estábamos hablando de un hecho en concreto durante la comida (yo conocía lo cabezón que era mi padre, por lo tanto, si decidía llevarle la contraria lo hacía a sabiendas de las consecuencias, por lo que la mayoría* de veces, optaba por darle la razón y evitar discusiones.

* Mayoría en este caso se entiende como un concepto subjetivo.

El caso es que ese día estaba tan segura de que tenía la razón, que no pude evitar oponerme a sus argumentos. Lo que sucedió a continuación fue que la cabezonería de él potenció la mía y me fui a la enciclopedia (si, de esto hace ya mucho tiempo) y efectivamente, en ella hallé la respuesta que defendía. Corrí con el tomo en la mano e hice que mi padre leyera por si mismo lo que yo llevaba rato explicando... Para sorpresa mía su reacción fue la siguiente:

Puso cara de desaprovación y dijo solemnemente "Esta enciclopedia está errada" y punto final.

Y así es como aprendí que no servía de nada intentar cambiar la opinión de mi padre, pues me quedé igual de frustrada. Dejé pasar el tiempo hasta que fui lo suficientemente mayor y la "cosa" ganó algo de perspectiva y gracia y entonces un día le recordé el episodio. Acto seguido soltó una carcajada y dijo:

"Y yo qué iba a saber hijita!! Lo que sí tenía claro es que no me iba a dejar ganar!!"
(y punto final!)


Hijitamía.

lunes, 29 de febrero de 2016

Sobre el hecho de que hoy sea un buen día para hablar de tamaños.

La cuestión de tamaño es inherente a nuestra familia paterna. 

De hecho, como ya he comentado anteriormente, el rasgo físico más destacable de mi padre era sin duda alguna su tamaño.

Era alto y fuerte, pero tenía una marca característica: su barriga.

No era una barriga cualquiera, era (y ahora lo puedo decir sin ninguna duda) una barriga de 8 meses de embarazo: Igual de grande, igual de tensa. No era para nada un gordo fofo.

Y ya lo decía  él mismo: 

"Yo es que estoy embarazado, me ha dicho el doctor que espero un elefantito: ¡Ya me asoma la trompita!" 

Aunque a veces también decía: "Yo no estoy gordo, es pura musculatura! Toca, toca!" (Acercando el brazo que lo tenía como una piedra).

Y ¿Por qué estoy hablando de esto? Pues porque es una sensación compartida con mi padre que no quiero que se me olvide. Estoy reproduciendo sus mismos comportamientos ahora que de perfil proyectamos sombras parecidas.

De repente tengo la misma dificultad para ponerme los zapatos, hago sus mismos ruidos de queja (no me doy ni cuenta) al sentarme y al doblarme hacia delante para atármelos, me rasco la barriga igual que él y recientemente, el último descubrimiento es haberme pasado a las galletas maria para desayunar a lo bestia. 




El otro día, al ver la taza y el paquete de galletas no pude evitar tener un flashback, pues los últimos años en casa, mi padre desayunaba conmigo, pero nunca fui consciente de lo mucho que lo observaba, ni de lo detallado que sería un recuerdo de un momento tan cotidiano y aparentemente banal.

Si esto fuera una película todo sería mucho más fácil de representar, sin embargo, como este es un diario de recuerdos en formato limitado, no queda más remedio que ponerle imaginación:

Nos sentábamos los dos en la mesa de la cocina con nuestros "batines" el suyo azul y el mío naranja (por el cual me puso el apodo de butanito) y mientras yo comía 3 galletas en total, mi padre se zampaba medio paquete, pero no de una en una ¡Sino de 4 en 4! 

Al mismo tiempo me iba comentando todos los recortes de periódicos que había  seleccionado para mí esa mañana (se leía 3 periódicos cada mañana y se dedicaba a recortar lo que creía que nos iba a interesar a cada uno).

No quiero que nunca se me olvide cómo y con qué gusto desayunaba su Nescafé (3 cucharadas de azúcar y una de nescafé en una taza de leche bien caliente) al cual le daba cuatrocientas mil vueltas haciendo tintinear la cucharilla a lo bestia (por cierto, le daba rabia que arrastráramos las sillas de la cocina para sentarnos, pero no le importaba despertar al personal a base de tintineo... Eso sí, usando la cucharilla "del papá", que acabó siendo la preferida de todos: si, la única diferente, más grande que las demás y puntiaguda).

A continuación cogía cuatro galletas a la vez, las sumergía hasta la mitad y mordía rápidamente antes de que el Nescafé empezará a gotear o antes de que las galletas se partieran (3 de cada 4 veces sin éxito) y todo esto sin dejar de hablarme, lo cual, me hacía  sonreír, porque a cada mordisco tenía que medio sorber (para evitar acabar con la leche en la barbilla) aunque en verdad se pasaba media conversación secándose.

A pesar de todos estos detalles, la imagen más destacable de todo el proceso era la de su bigote lleno de leche y pedacitos de galleta, creo que esa es la primera imagen que se me viene a la mente cuando recuerdo nuestros desayunos.

¡Parece mentira! De las cosas que uno se acuerda y con qué precisión...

Si alguien me hubiera dicho que algún día echaría de menos la cara de mi padre con su bigote lleno de nescafé y galletas me hubiera reído, sin embargo ahora daría lo que fuera por que mi madre me volviera a llamar diciéndome: 

"¿Ya llegas? Porque tu padre lleva toda la mañana esperando para desayunar contigo"


Hijitamía.
 

viernes, 29 de enero de 2016

Sobre aceptar los cambios (cómo no, con humor)

El otro día hablábamos de lo joven que parecen algunas personas, de las arrugas, de los cambios corporales, de la calidad de genes, de la suerte que nos tocaría, etc, etc.

Como siempre, no pude evitar acordarme de mi padre (sobre todo al pensar que como físicamente soy igual a él, seguramente correría su misma suerte.... Aunque luego un pensamiento en forma de foto me animó, pues recientemente encontré una foto de mi padre en la piscina con sus ya 50 y pico de años y tenía una piel envidiable..." Al menos quizás no tenga arrugas..." me autoconsolé)

La verdad es que la suerte que corrió mi padre es la de parecer mucho más mayor de lo que era... No sé si era por el pelo en particular (gris), el tamaño corporal o el estilo clásico que llevaba (bigote, raya a un lado, camisas de señor con bolis en los bolsillos, teléfono móvil colgado de una cinta al cuello y el indispensable pañuelo de tela en el bolsillo de los pantalones...)

Todos lo sabíamos y la verdad es que el contraste con mi madre no le hacía ningún  favor...

Al principio supongo que le debió costar asimilarlo, pero luego, le dio la vuelta a la tortilla y le sacó  provecho a la situación.





De todos modos, si la cosa hubiera sido diferente nos hubiéramos quedado sin anécdotas como las siguientes: 

- Al acompañar a mi hermano de 3 años al colegio, recibirlo la profesora diciéndole al pequeño "Ay! Qué bien que ha venido tu abuelo contigo!" y mi padre responder "¿Verdad que tengo un nieto guapísimo?" 

- Teñirse el pelo de castaño claro (cuando todavía mantenía el bigote rubio pero el pelo ya era gris) como experimento y dejárselo unos días sólo para reírnos! (le quedaba fatal...)

- Aceptar el asiento que le cedieron la primera vez que se subió al bus con el pelo gris (y las siguientes veces pedirlo diciendo "¿le importa dejarle el asiento a un viejito como yo?"

- Pedir descuentos en cualquier sitio proclamando que ahora pertenecía a la tercera edad, pero que se había dejado el carnet en casa...

- Pedir mimos a su mujer e hijos haciéndoles chantaje emocional "¿Una rascadita de espalda a tu padre que está tan viejito?" 

La verdad es que no le salió tan mal la cosa...

HIjitamía.

martes, 29 de diciembre de 2015

Sobre la tecnología

-"Hijita, me sale un sobre en la pantalla, hazme el favor y mírame quién es" 
-"Papá aquí hay 5 mensajes de texto, pero cuando miro quién lo ha enviado no sale ningún nombre, ¿no tienes ningún número grabado en la agenda?"
-"¿Agenda? espera un momento hijita" (se saca un par de papeles doblados de la cartera) "aquí hijita, dime los números a ver..."
-"649...etc, etc"
- "Papá dame el móvil que te voy a pasar los números a la agenda, y ya podrás tirar esos papeles"
-"No hijita, ¡cuidado con esos papeles que son mi agenda de teléfonos, ahí tengo todo!"
-"..."

Mi padre, era una de esas personas que se sentía  "orgullosa" de tener un móvil  básico diciendo cosas como "mi móvil  siempre funciona y la batería  me dura semanas, estoy muy contento con este movilcito" 

Sin duda alguna, si este año le hubiera tenido que regalar algo, le hubiera dado un teléfono móvil de penúltima generación  (uno de última puede que fuera demasiado para él...)
  
El caso es que para mi padre la tecnología  y sobre todo Internet eran "magia". Digamos que a él  la tecnología no le atropellaba sino que más bien directamente se lo saltó y siguió  su camino...


Yo le pregunté  en varias ocasiones si quería  que le enseñara, pero me decía:"¿Para qué? Si en poco tiempo uno sólo tendrá que hablarle a los ordenadores y ellos harán  todo sólo  por voz" 
  
Aún así, tuvo dos amagos de interés  por la materia: el primero cuando nos apuntamos los dos a clases de informática  (yo debía  de tener unos 10 años y él unos 42) fuimos a un par de clases, yo seguía  las instrucciones  del profesor mientras que él  contaba chistes y bromeaba con los señores del barrio...

El segundo intento fue hace poco, cuando se apareció en casa con el libro "informática para la tercera edad" estaba muy orgulloso y se puso a estudiar, pero no le dio tiempo...



No me puedo parar a imaginar lo que hubiera hecho con un teléfono  con whatsapp mandando mensajes de voz o usando la escritura de mensajes por voz! Bueno, sí  me lo imagino, tendría  todos los días  un mensaje de voz que empezaría por "¿Sí hijita?"(para comprobar que funcionara) y la memoria del teléfono llena de chistes y onomatopeyas!

En fin, quién  sabe...a lo mejor ahora, como dice Goyo Jiménez  en su monólogo, le ha dado tiempo de estudiar, de aprender inglés  y hasta de navegar por Internet para visitar mi blog!


Hijitamía.