lunes, 29 de septiembre de 2014

Sobre ser consciente de todas las pequeñas cosas

Desde muy pequeña mis padres han intentado que fuera consciente de las diferentes realidades de esta vida y de lo afortunados que éramos por tener una buena calidad de vida (facetas socio-económicas, sanitarias, educativas, culturales, políticas, etc., del momento y el lugar en el que vivíamos) pero también a valorar las cosas de una forma más detallada, a darle importancia a hechos tan cotidianos que pasan desapercibidos y de esta forma aunque alguna de las cosas importantes falle, siempre nos quedará el disfrute de las pequeñas cosas de la vida.

Un recuerdo recurrente en relación a este tema es la reflexión que me hizo mi padre un día cuando era pequeña y no podía dormir. Me hizo pensar en la suerte que tenía de tener una cama y una almohada tan cómoda, me dijo que el placer de poner la cabeza sobre una almohada fresquita y blanda era algo que no se podía desaprovechar y que tenía que dormir y disfrutarlo y ya no recuerdo nada más porque me dormí.

Muchos años después, estando mi padre enfermo en el hospital, hubo muchas noches sin poder dormir bien, pero una en cuestión en la que parecía que no habría ni media horita de sueño. De repente se me vino a la mente todo lo anterior y le repetí exactamente sus palabras, (la clave es aislar lo positivo por pequeño que sea y agarrarnos a ello para poder disfrutarlo) aunque estuviéramos en el hospital tenía una cama y una almohada cómoda y tocaba dormir y así fue.

Desde entonces intento no consultarle nada a la almohada, simplemente le agradezco el hecho de estar allí y duermo, ya mañana será otro día.




Hijitamía.

Sobre no desaprovechar ninguna aventura

Siempre que cualquier situación nueva me asusta (que suelen ser la mayoría, por pequeñas que sean) intento tomármelo en vez de como una “maldición” como una “aventura”, tengo mis pequeños trucos y frases mentales, (porque la cosa no es fácil) pero lo que más resuena en mi cabeza es la frase de mi padre que una vez nos dijo a mí y a mi prima con su mejor voz al más puro estilo de Constantino Romero:

“Empieza la aventuraaa de Port Aventuraaa: chan chan chaaaan”

 (Lo de chan chan chaaan era una muletilla típica de él para todo momento de sorpresa/ éxito, el tono de los “chans” va subiendo de más grave a más agudo, ¡ojo! no leer en tono suspense)

Ese día mi padre, mi madre y mi tía decidieron sorprendernos a mi prima y a mí con un viaje sorpresa a Port Aventura y con esa frase se le ocurrió a mi padre despertarnos. Parece mentira, pero siempre me he acordado de su ilusión al darnos la noticia, casi que estaba más emocionado él, porque obviamente nosotras todavía no habíamos procesado el hecho de que nos íbamos.

Estoy segura de que ese entusiasmo es la clave de todo, y aunque ya no me vaya a Port Aventura, siempre que lo necesite seguiré oyendo su voz…

Empieza la aventuraaa…”



Hijitamía.

viernes, 29 de agosto de 2014

Sobre el cómo decir Te quiero

Este recuerdo no tiene anécdota, ni tampoco gracia, simplemente es un dato especial.

Mi padre era una persona cariñosa,  decir "te quiero" no era raro en él,  pero sí que era única la manera en que me lo decía, y eso siempre me encantó,  no me dijo nunca te quiero a secas ni tampoco mucho ni muchísimo siempre era "tanto":

"¡Te quiero tanto hijita!"



Hijitamía.

Sobre Pedro Picapiedra

Una de las características más destacables de mi padre (como ya he comentado) era su esencia payasil y con ella su don para hacer onomatopeyas únicas,  sus incontables muecas, su afán por sacar el chiste de cada situación. En fin, con tal de hacer reír a los demás y convertir una situación "neutra" en una chistosa era capaz de todo.
 
En particular recuerdo estar en el coche toda la familia y empezar a "picarle" diciéndole que si se quitaba su (siempre presente y mítico) mostacho sería igualito a Pedro Picapiedra.
En cuanto llegamos a casa se metió en el baño y tras unos largos minutos abrió la puerta gritando:
 "Wilmaaa ya estoy en casaaa!" 



Fuimos todos corriendo a verle y tuvimos un ataque de risa colectivo. Ver a mi padre sin su enorme bigote (que sin duda alguna era su seña de identidad) y saber que lo había hecho sólo para provocar ese "momento sorpresa" me pareció y todavía me parece increíble.

Hijitamía.

martes, 29 de julio de 2014

Sobre el tema de conversación, o sobre tener un don

Esta es una lección implícita en la forma de ser de mi padre: sencillamente tenía la habilidad de mantener / sacar o inventar temas de conversación en sesión continua, de modo que nunca (NUNCA) había silencios incómodos (si acaso comentarios incómodos, porque siempre te puedes encontrar a la persona que no le hace gracia nada,  pero era un riesgo que había que correr… jajaja).

Esto es algo que me costó reconocer y admirar, pues cuando era más joven e iba a sitios con mi padre, lo que menos quería era que se pusiera a hablar conmigo e incluyera a demás gente (ej. En una sala de espera, en la cola del supermercado, etc.). Sentía la típica “vergüenza de hija”.

Pero cuando fui más mayor y empecé a valorar el poder de la comunicación en sí, la alegría que se puede transmitir con sólo un comentario a un dependiente, un chiste a una recepcionista, una puesta en común de síntomas a un paciente solo en una sala de espera, etc. Y lo difícil que es encontrar a gente que se lance a ello, pues casi todo el mundo va “a lo suyo” y no repara en conectar con los demás al margen de lo estrictamente necesario.

Un día reflexioné sobre todos los momentos que pasaba con mi padre y cómo nunca me había aburrido, pues siempre tenía algo de qué hablar, algo que cuestionar, algo de qué burlarse independientemente de la situación en la que estuviera.

Su actitud hacia los demás me demostró lo importante que es el no ser amargado, conectar con buen humor, tomárselo todo “con filosofía” (como decía él) porque...

 “¡esta vida es un chiste!”
 
 
Hijitamía.

Sobre la paciencia y la perseverancia

Mi padre siempre me dijo que la paciencia ayudaba a tener perseverancia y determinación (se refería principalmente a la paciencia con uno mismo). 

Siempre me ponía de ejemplo a “los ingleses”. 

“hay que ser como los ingleses, ¿nunca has ido a la campiña inglesa y has visto todas esas casas con sus vallas perfectamente blancas?, es porque ellos son así de metódicos y pacientes, no tienen ningún problema en pasarse días pintando hasta que la valla está blanquita, así hay que ser en la vida.”



(Creo que ya no tengo ninguna duda de por qué toda la vida me quise mudar a Inglaterra…)

Hijitamía.

domingo, 29 de junio de 2014

Sobre cómo controlar el pánico y acabar disfrutando

Cualquier persona que me haya conocido de pequeña tendrá el recuerdo de que era una miedosa empedernida.

Uno de mis miedos eran las atracciones de feria (particularmente montañas rusas) pero yo quería disfrutar, quería pasármelo bien y no quería ser la única miedosa.

Mi padre se ofreció a montarse conmigo, y me prometió que me agarraría. Sin embargo, por mucho que me agarrara yo en la primera bajada sentí el estómago rebotándome contra la garganta y el pánico se apoderó de mí. Mi padre, (que ya veía que iba a tener que pedirle al buen hombre que accionaba la atracción que hiciera una parada de emergencia), decidió intentarlo una vez más y me dijo que tenía que cerrar los ojos y gritar con todas mis fuerzas y que ya vería como disfrutaba, que él también lo haría y nos reiríamos juntos.

Y así fue, en la segunda bajada grité con todas mis fuerzas pero por encima de mi voz oí gritar a mi padre de una forma graciosísima porque por el movimiento se le rompía la voz, cosa que hizo que me riera a carcajadas y al abrir los ojos también lo vi reír a él.

Ese día nos montamos varias veces más, y desde entonces me encantan las montañas rusas.





Hijitamía.