Y me quedaba sentada con mi madre viendo la ya conocida escena de mi padre yéndose a bañar al mar, porque sabíamos que tanto la entrada en el agua como la salida nos harían reír!
miércoles, 29 de junio de 2016
Sobre la playa
Y me quedaba sentada con mi madre viendo la ya conocida escena de mi padre yéndose a bañar al mar, porque sabíamos que tanto la entrada en el agua como la salida nos harían reír!
domingo, 29 de mayo de 2016
Sobre los recuerdos "de coche"
Coincidía que era diciembre y mi cumpleaños se acercaba y como lo que más le gustaba en esta vida a mi padre era llamar la atención y despertar toda admiración (y chulear!) Entró diciéndole con aire distinguido al vendedor que "iba a comprarle un regalo de cumpleaños su hijita" por supuesto al comercial le salieron símbolos del dólar en las pupilas y acabamos comprando un coche mucho más caro al que yo tenía pensado y al que tuve que esperar más de un mes porque en un arranque de euforia mi padre lo pidió "tal y como el que tienen expuesto" (los símbolos del dólar salieron otra vez en los ojos del vendedor pero esta vez a todo color!)
viernes, 29 de abril de 2016
Sobre el cambio de opinión
Desde siempre recuerdo ir a la compra con mi madre y luego mi madre, mi hermano y yo, pero nunca mi padre.
A la pregunta: "Papá, ¿pq no vienes a la compra?" Respondía "No me gustan
esos sitios llenos de gente, hijita, yo mejor me quedo cuidando la casa"
El caso es que, con la vejez o no sé con qué, las tornas se cambiaron y era mi padre el que le preguntaba a mi madre qué hacía falta para la casa...
No sé por qué lo preguntaba, porque acababa con de todo menos con la lista (o en todo caso muy limitada). Eso sí, había cosas que nunca fallaban: traía un cargamento de papel higiénico "es que estaba de oferta" y una bolsa llena de conservas de pescado: berberechos, navajas, sardinas, calamares, etc, etc y sus adorados mejillones!
"¿Nunca os he contado cuál es el bocadillo más delicioso que me he comido? Cuando estaba interno en el colegio, nos íbamos un grupo de amigos cada mañana y nos comprábamos una barra de pan y una lata de mejillones y nos hacíamos el bocata que comíamos sentados en la acera..Mmm era 'delisioso'"
En fin, a lo que íbamos, no sólo se aparecía con 1 de cada 4 cosas de la lista y sus caprichitos, sino que se iba de "tour" por todos los grandes almacenes y nos traía "regalitos chungui-gangas" que la mayoría de veces ninguno necesitábamos, o que se rompían tras el primer uso, pero que igualmente nos encantaban, en parte, porque mi padre nunca fue una persona detallista y ver que se acordaba de nosotros y nos compraba cosas como el "roto-styler" (que obviamebte vino roto), un paquete de bridas o unos calcetines era inédito.
(Cuando era pequeña, mi padre viajaba constantemente por trabajo y siempre me traía el mismo regalo: la toallita mojada de cortesía que daban en el avión y a veces la bolsita de cacahuetes o la chocolatina... eso sí, siempre me anunciaba la entrega del "regalo" como algo super especial)
Así es como descubrimos qué pasaba con los catálogos de grandes supermercados que llegaban al buzón.
Resulta que nadie los tiraba, sino que más bien mi padre los recopilaba, los estudiaba y cuando aparentaba "ir a la compra" se iba en busca de sus tesoros en oferta!
Creo sinceramente que cuando el Lidl sacó su "semana de la herramienta" esta se convirtió en una de las más felices de mi padre!
Ahora no puedo evitar mirar también los catálogos de supermercado y pensar en qué regalitos le compraría yo a él!
Aunque ninguno se asemejaría al que le tenía preparado para este lunes 25 de abril, algo que no viene ni en los mejores catálogos, su primer nieto.
Hijitamía.
martes, 29 de marzo de 2016
Sobre la errata
Una de sus virtudes era la persuasión, aunque siempre me quedó la duda de si era por sus dotes convincentes o por su cabezonería de conseguir algo: la verdad es que debía ser una mezcla de todo pero no me extrañaría que mucha gente accediera a lo que mi padre le proponía con tan de que se callase y parara ya de insistir!
El hecho de que tu propio abuelo que te quería con locura no fuera ajeno al hecho de que eras excesivamente cabezón y decidiera componerte una canción al respecto (este era un aspecto malo/vergonzoso para él, pero gracioso para los demás! Aunque nunca nos dijo qué decía exactamente la canción...)
O llegar al colmo de la terquedad y que se te vea el plumero!
* Dicen que el primer paso es reconocerlo!
Estábamos hablando de un hecho en concreto durante la comida (yo conocía lo cabezón que era mi padre, por lo tanto, si decidía llevarle la contraria lo hacía a sabiendas de las consecuencias, por lo que la mayoría* de veces, optaba por darle la razón y evitar discusiones.
El caso es que ese día estaba tan segura de que tenía la razón, que no pude evitar oponerme a sus argumentos. Lo que sucedió a continuación fue que la cabezonería de él potenció la mía y me fui a la enciclopedia (si, de esto hace ya mucho tiempo) y efectivamente, en ella hallé la respuesta que defendía. Corrí con el tomo en la mano e hice que mi padre leyera por si mismo lo que yo llevaba rato explicando... Para sorpresa mía su reacción fue la siguiente:
Hijitamía.
lunes, 29 de febrero de 2016
Sobre el hecho de que hoy sea un buen día para hablar de tamaños.
De hecho, como ya he comentado anteriormente, el rasgo físico más destacable de mi padre era sin duda alguna su tamaño.
Era alto y fuerte, pero tenía una marca característica: su barriga.
No era una barriga cualquiera, era (y ahora lo puedo decir sin ninguna duda) una barriga de 8 meses de embarazo: Igual de grande, igual de tensa. No era para nada un gordo fofo.
"Yo es que estoy embarazado, me ha dicho el doctor que espero un elefantito: ¡Ya me asoma la trompita!"
Aunque a veces también decía: "Yo no estoy gordo, es pura musculatura! Toca, toca!" (Acercando el brazo que lo tenía como una piedra).
Y ¿Por qué estoy hablando de esto? Pues porque es una sensación compartida con mi padre que no quiero que se me olvide. Estoy reproduciendo sus mismos comportamientos ahora que de perfil proyectamos sombras parecidas.
De repente tengo la misma dificultad para ponerme los zapatos, hago sus mismos ruidos de queja (no me doy ni cuenta) al sentarme y al doblarme hacia delante para atármelos, me rasco la barriga igual que él y recientemente, el último descubrimiento es haberme pasado a las galletas maria para desayunar a lo bestia.
Si esto fuera una película todo sería mucho más fácil de representar, sin embargo, como este es un diario de recuerdos en formato limitado, no queda más remedio que ponerle imaginación:
Nos sentábamos los dos en la mesa de la cocina con nuestros "batines" el suyo azul y el mío naranja (por el cual me puso el apodo de butanito) y mientras yo comía 3 galletas en total, mi padre se zampaba medio paquete, pero no de una en una ¡Sino de 4 en 4!
Al mismo tiempo me iba comentando todos los recortes de periódicos que había seleccionado para mí esa mañana (se leía 3 periódicos cada mañana y se dedicaba a recortar lo que creía que nos iba a interesar a cada uno).
No quiero que nunca se me olvide cómo y con qué gusto desayunaba su Nescafé (3 cucharadas de azúcar y una de nescafé en una taza de leche bien caliente) al cual le daba cuatrocientas mil vueltas haciendo tintinear la cucharilla a lo bestia (por cierto, le daba rabia que arrastráramos las sillas de la cocina para sentarnos, pero no le importaba despertar al personal a base de tintineo... Eso sí, usando la cucharilla "del papá", que acabó siendo la preferida de todos: si, la única diferente, más grande que las demás y puntiaguda).
A continuación cogía cuatro galletas a la vez, las sumergía hasta la mitad y mordía rápidamente antes de que el Nescafé empezará a gotear o antes de que las galletas se partieran (3 de cada 4 veces sin éxito) y todo esto sin dejar de hablarme, lo cual, me hacía sonreír, porque a cada mordisco tenía que medio sorber (para evitar acabar con la leche en la barbilla) aunque en verdad se pasaba media conversación secándose.
A pesar de todos estos detalles, la imagen más destacable de todo el proceso era la de su bigote lleno de leche y pedacitos de galleta, creo que esa es la primera imagen que se me viene a la mente cuando recuerdo nuestros desayunos.
¡Parece mentira! De las cosas que uno se acuerda y con qué precisión...
Si alguien me hubiera dicho que algún día echaría de menos la cara de mi padre con su bigote lleno de nescafé y galletas me hubiera reído, sin embargo ahora daría lo que fuera por que mi madre me volviera a llamar diciéndome:
"¿Ya llegas? Porque tu padre lleva toda la mañana esperando para desayunar contigo"
viernes, 29 de enero de 2016
Sobre aceptar los cambios (cómo no, con humor)
Como siempre, no pude evitar acordarme de mi padre (sobre todo al pensar que como físicamente soy igual a él, seguramente correría su misma suerte.... Aunque luego un pensamiento en forma de foto me animó, pues recientemente encontré una foto de mi padre en la piscina con sus ya 50 y pico de años y tenía una piel envidiable..." Al menos quizás no tenga arrugas..." me autoconsolé)
La verdad es que la suerte que corrió mi padre es la de parecer mucho más mayor de lo que era... No sé si era por el pelo en particular (gris), el tamaño corporal o el estilo clásico que llevaba (bigote, raya a un lado, camisas de señor con bolis en los bolsillos, teléfono móvil colgado de una cinta al cuello y el indispensable pañuelo de tela en el bolsillo de los pantalones...)
Todos lo sabíamos y la verdad es que el contraste con mi madre no le hacía ningún favor...
Al principio supongo que le debió costar asimilarlo, pero luego, le dio la vuelta a la tortilla y le sacó provecho a la situación.
- Al acompañar a mi hermano de 3 años al colegio, recibirlo la profesora diciéndole al pequeño "Ay! Qué bien que ha venido tu abuelo contigo!" y mi padre responder "¿Verdad que tengo un nieto guapísimo?"
- Teñirse el pelo de castaño claro (cuando todavía mantenía el bigote rubio pero el pelo ya era gris) como experimento y dejárselo unos días sólo para reírnos! (le quedaba fatal...)
- Aceptar el asiento que le cedieron la primera vez que se subió al bus con el pelo gris (y las siguientes veces pedirlo diciendo "¿le importa dejarle el asiento a un viejito como yo?")
- Pedir descuentos en cualquier sitio proclamando que ahora pertenecía a la tercera edad, pero que se había dejado el carnet en casa...
- Pedir mimos a su mujer e hijos haciéndoles chantaje emocional "¿Una rascadita de espalda a tu padre que está tan viejito?"
La verdad es que no le salió tan mal la cosa...
HIjitamía.




